Eduardo Asueta está decidido a volver a intentarlo. Cree que la tercera será la vencida. Competirá en las PASO como precandidato a intendente de Concordia.
A la hora de poner la lupa sobre cuestiones espinosas e incómodas para el oficialismo -como la pobreza, por ejemplo-, Asueta se sale de los moldes, deja de lado el discurso preformateado y se muestra abiertamente crítico hacia lo logros de su propio partido.
Durante algo más de 30 minutos de entrevista con los periodistas de Despertá con Nosotros, por Oíd Mortales Radio, el actual vocal de CAFESG planteó definiciones que, no sería de extrañar, incomoden a más de uno, así como también pueden llegar a enriquecer el debate público.
Su diagnóstico de Concordia parte de una cruda afirmación: “La ciudad, con todos sus indicadores que están a la vista, tiene un mercado de trabajo débil, chico y de mala calidad. El desafío -explicó- es organizar un proyecto de desarrollo de la ciudad, introducir a Concordia dentro de la cultura del desarrollo, lo que además supone abordar otras cuestiones. Creo que hoy Concordia no tiene una sociedad civil lo suficientemente activa, dinámica, participativa, para poder condicionar positivamente a la política local. Tampoco ha tenido oposiciones fuertes”.
Sin vueltas, Asueta admite que algunos rasgos de Concordia no aparecen en otras ciudades de la provincia: “Hablo con los vecinos y les digo que no nos acostumbremos a ciertas cosas. Entre Ríos no es así, Chajarí no tiene asentamientos en los niveles de Concordia... Hay que afrontar la realidad de que esta ciudad carece de un modelo de desarrollo propio, consensuado, planificado, carece de un mercado de trabajo adecuado, su mercado laboral es chico y débil”, insistió.
A modo de ejemplo, el precandidato aseveró que “la citricultura tradicionalmente fue un trabajo de ascenso social, sobre todo el empaque. Entrar a un empaque era de alguna manera salvarse. Pero hoy, entrar a un empaque es vivir como vivía un cosechero hace 20 años”.
Asueta no menosprecia la obra pública y lo asistencial, pero entiende que no pueden ser las palancas claves para desarrollar la ciudad. Hay que “pasar de un modelo que se centralizó en la obra pública y en las políticas asistenciales a un modo de gestión del desarrollo, donde las habilidades blandas del gobierno pasan a ser el eje de la cuestión”, definió.
Lejos de centrar las culpas del atraso concordiense en Nación, Asueta está convencido de que las gestiones municipales tienen herramientas suficientes para cambiar la historia: “Desde hace 60 años los municipios tienen un rol muy importante en el desarrollo territorial local. Lo que pasa es que nosotros hemos sido muy débiles en eso”, cuestiona. “Como comunidad nos hemos quedado atrás culturalmente. Si queremos buscar responsabilidades, sin dudas que quienes gobiernan tienen la máxima. Lo importante es salirse de la perspectiva de la culpa, de la culpabilidad”.
“Uno no es crítico con la obra pública -aclara una vez más-. Pero hay que verla como una consecuencia de un modelo de desarrollo que funciona y no como actor principal y único de un modelo que no está funcionando”.
“Concordia tiene enormes condiciones objetivas para el desarrollo y tiene una realidad bastante preocupante. ¿Qué nos dice esa ecuación? -se pregunta-. Que estamos fallando en los aspectos subjetivos del desarrollo, estamos fallando en los aspectos culturales. Nuestro proyecto es fundamentalmente de base cultural, que tiene que ver con construir dinámicas sociales, cambios de paradigmas”.
Respecto del narcotráfico empoderado en los barrios, apeló a una imagen durísima: “Lo he visto y justamente los viernes, trabajadores que vuelven cansados de la zafra, en condiciones de vestimenta muy degradada, haciendo fila para comprar drogas, es una imagen que uno la puede ver en varios asentamientos de la ciudad”.
Asueta pidió que a la cuestión del narco se la afronte con “madurez”. “Hay que entender que es un tema complejo de resolver en forma directa, porque no lo han logrado ni las ciudades más organizadas del mundo, ni Dinamarca, ni Alemania, ni Inglaterra ni Japón. Muy difícilmente lo podamos hacer nosotros con instituciones muy debilitadas. No obstante, a esa lucha hay que darla, pero también entender que no hay que descuidar la obligación de construir una cultura preventiva. Creo que, si tratamos bien la prevención, vamos a tener más recursos para trabajar en términos paliativos o curativos”.
Sin medias tintas, admitió que el Estado ha fracaso en el territorio: “El sector público, así como está concebido, hay un montón de cosas para las cuales no está demostrando capacidad. Si uno ve cómo funcionan los salones de usos múltiples, a veces los CDI, todo eso que fue pensado en las primeras décadas del siglo, uno lo ve semiabandonado. No hemos tenido la capacidad de hacerlo funcionar a ese modelo territorial. Tenemos que repensarlo, porque estamos perdiendo la capacidad de intervenir en el territorio. El municipio tiene cada vez menos presencia organizativa en el territorio y lo mismo pasa con el COPNAF. Ahí hay que pensar fuertemente cómo encarar esa gestión”.
“Las iglesias que logran cosas en respuesta a las adicciones funcionan a través de la persuasión, del convencimiento, la motivación. Son habilidades blandas. El Estado funciona con una cultura burocrática que tampoco funciona bien, porque muchas veces esos espacios se llenan por compromisos políticos...”, disparó.
La entrevista también sirvió para conocer su “alineamiento” con Gustavo Bordet y Adán Bahl, aunque no disimuló que le gustaría pegar con todos. “La predisposición de apoyar a Bahl está, ha sido una buena designación. Tiene estratégicamente muy buena imagen en Paraná y Paraná Campaña que es el voto más delicado para el peronismo entrerriano. Es muy apreciado dentro de la gobernación por la gestión. Seguramente pegaré con Bahl. Lo que estaría por verse es si se podría pegar con otros candidatos...”
Por último, definió prioridades en la cuestión ambiental. “Tenemos los dos arroyos más importantes de la ciudad, Yuquerí Grande y Yuquerí Chico, contaminados y capaz nos estamos matando por un humedal de 200 metros cuadrados. Empecemos por lo estratégico”.
Aquí, el diálogo completo:
- ¿Qué te mueve a querer ser intendente? ¿Por qué?
- La misma razón por la que nos presentamos por primera vez en 2015: un proyecto de ciudad que entendemos que tiene sus aristas propias, que lo hemos ido desarrollando a partir de un diagnóstico importante, certero, respecto a qué es lo que la ciudad necesita para poder encaminarse.
- ¿Qué diagnóstico? No se puede solucionar problemas sin un diagnóstico claro que esclarezca las causas. Por ejemplo, ante algo tan complejo como la cuestión de la pobreza, que en el último informe del INDEC superó el 55,2% en Concordia.
- Nosotros lo que vemos es que la ciudad, con todos sus indicadores que están a la vista, tiene un mercado de trabajo débil, chico y de mala calidad. Es la clave para que una ciudad funcione y funcione bien. Cuando uno toca timbre en una casa y se encuentra con que de cinco personas, una tiene un trabajo, dos changuean y después viven de la abuela que está en el fondo, es imposible que la ciudad prospere. Este es un cuadro generalizado en Concordia. Es muy difícil hacer una obra de esfuerzos contributivos entre el vecino y el municipio, que haya una cultura de pago de tasas, es difícil que se puedan formalizar los comercios de barrio.
En este cuadro, Concordia tiene un porcentaje muy alto de vecinos que no están en condiciones de adquirir suelo, no tiene capacidad de ahorro, ni tampoco para pagar alquileres. Estamos hablando de un porcentaje sustantivo. Eso hace que la ciudad no funcione. El municipio en vez de estar haciendo calles tiene que andar comprando nylon, colchones para infinidad de problemas que acarrea la pobreza, emergentes de un mercado de trabajo que no funciona.
El desafío es organizar un proyecto de desarrollo de la ciudad, introducir a Concordia dentro de la cultura del desarrollo, lo que además supone abordar otras cuestiones. Creo que hoy Concordia no tiene una sociedad civil lo suficientemente activa, dinámica, participativa, para poder condicionar positivamente a la política local. Tampoco ha tenido oposiciones fuertes. Esto ha pasado en muchos municipios de la provincia, los ejecutivos son muy fuertes. El diseño institucional de la reforma de 2008 fortaleció en demasía la gobernabilidad y quitó el juego constructivo entre oficialismo y oposición, que es un juego virtuoso bien entendido.
La realidad de Concordia es claramente diferenciada en comparación con el resto de la provincia y en particular de la costa del Uruguay. Hablo con los vecinos y les digo que no nos acostumbremos a ciertas cosas.
- ¿Por ejemplo?
- Entre Ríos no es así, Chajarí no tiene asentamientos en los niveles de Concordia...
- ¿Coincidís con ese diagnóstico de que tenemos asentamientos porque somos una zona muy atractiva, una tierra de oportunidades, y ello hace que venga mucha gente y se hace difícil darle una rápida respuesta en lo laboral?
- Sin dudas, no. No coincido con ese diagnóstico. Hay que afrontar la realidad de que esta ciudad carece de un modelo de desarrollo propio, consensuado, planificado, carece de un mercado de trabajo adecuado, su mercado laboral es chico y débil.
- Pongamos ejemplos, así se entiende mejor. ¿Qué sería un puesto de trabajo débil?
- Hay poco trabajo, más allá de las estadísticas. Hay mucho desempleo en la mujer y esto habla de subdesarrollo. El nivel de desarrollo de la mujer es muy bajo comparado con Paraná, con Gualeguaychú...
- Vuelvo al pedido: un ejemplo de empleo débil.
- El sector citrícola, que fue tradicional. La citricultura tradicionalmente fue un trabajo de ascenso social, sobre todo el empaque. Entrar a un empaque era de alguna manera salvarse. Hoy entrar a un empaque es vivir como vivía un cosechero hace 20 años.
- Si es así, no quiero pensar cómo es entonces la realidad del cosechero...
- Sin dudas, ese es el problema, una cuestión estructural son los 5000, 6000 cosecheros que hoy tienen niveles de ingreso bajísimos, condiciones de trabajo totalmente informalizadas, falta de cobertura de salud y ni hablar de vacaciones y todo lo que supone el trabajo formal.
- ¿Y por qué el cosechero está tan mal, gana tan poco? ¿Es culpa del empresario o es resultado de problemas estructurales como la falta de competitividad del país para exportar, cuestiones logísticas que encarecen los costos, etc.?
- Hicimos un trabajo desde CAFESG tratando de explicar cómo llegamos a esta situación. Vimos que los cítricos dulces se venden muy baratos. Ese proceso de informalidad se fue dando poco a poco, a medida que el sindicato se fue irregularizando por decirlo de alguna manera. La informalidad pasó de ser una excepción para algunos productores y contratistas, que obtenían una ganancia excepcional moviéndose en negro, se fue generaliza. Y trajo varios problemas sociales para la ciudad. Esa informalidad generalizada no supuso grandes beneficios para el productor, porque fue el formador de precios el que capturó esa ventaja que suponía trabajar con mano de obra informalizada. El productor sigue ahí con buenos y malos años y el trabajador realmente llevó la peor parte y esa peor parte la llevaron las ciudades que aportaron la mano de obra.
La propuesta nuestra tiene que ver con pasar de un modelo que se centralizó en la obra pública y en las políticas asistenciales a un modo de gestión del desarrollo, donde las habilidades blandas del gobierno pasan a ser el eje de la cuestión.
- ¿Qué son las habilidades blandas?
- La capacidad de construir consensos, de generar una mejor organización de un mercado de trabajo, de planificarlo, de poder darle continuidad, la capacidad para generar cambios culturales, de construir una relación con el vecino donde participa activamente de una mejor gestión del residuo, separando.
Esa habilidad blanda es la que tiene que marcar un diferencial para que Concordia empiece a caminar sobre la cultura del desarrollo.
Nosotros ya venimos transitando este camino, venimos de intervenir sin recursos económicos y hemos desarrollado el músculo de las habilidades blandas y nos hemos dado de cuenta que el resto de la política tiene debilidades entorno a eso.
- Por lo general, quien más, quien menos, todos parecen centrar las propuestas en obras públicas y resaltan que es reactivadora, que genera puestos de trabajo, que mejora la calidad de vida, etc. No es tan habitual el énfasis que propones en el modelo de desarrollo. ¿Qué resortes tienen los municipios para modificar el rumbo, para definir la modalidad de desarrollo una ciudad? ¿O en eso se depende mayormente de Nación?
- Tiene muchísimos resortes. Son los municipios los que están al lado de los sistemas productivos locales, en condiciones de interactuar, de establecer agendas estratégicas, de cooperar con los actores, de llevar adelante un cambio cultural, de construir la asociatividad que cada sector productivo necesita, de tener la sensibilidad propia de la cercanía para construir una cultura emprendedora. No es de ahora. Desde hace 60 años los municipios tienen un rol muy importante en el desarrollo territorial local. Lo que pasa es que nosotros hemos sido muy débiles en eso.
- Es muy autocrítico lo que acabas de decir. Es tu partido el que ha gobernado sin interrupciones la municipalidad.
- La autocrítica no está mal. También lo soy conmigo mismo. Tampoco hay que sesgar el análisis a través de los colores políticos. Me parece que eso tampoco nos va a llevar al diagnóstico certero. Como comunidad nos hemos quedado atrás culturalmente. Si queremos buscar responsabilidades, sin dudas que quienes gobiernan tienen la máxima. Lo importante es salirse de la perspectiva de la culpa, de la culpabilidad. Para pensar la política, siempre para adelante, es importante salirse de eso, centrarse en la objetividad del diagnóstico y pensarlo en clave de resolver los problemas.
Uno no es crítico con la obra pública. Pero hay que verla como una consecuencia de un modelo de desarrollo que funciona y no como actor principal y único de un modelo que no está funcionando.
Concordia tiene enormes condiciones objetivas para el desarrollo y tiene una realidad bastante preocupante. ¿Qué nos dice esa ecuación? Que estamos fallando en los aspectos subjetivos del desarrollo, estamos fallando en los aspectos culturales. Nuestro proyecto es fundamentalmente de base cultural, que tiene que ver con construir dinámicas sociales, cambios de paradigmas. Obviamente todo proceso de cambio debe ir acompañado de conveniencias concretas, palpables, que retroalimenten el proceso de cambio.
- ¿Qué puede hacer el municipio ante el avance del narcotráfico, incluso apoderándose de la vida y de los recursos de barriadas empobrecidas?
- Lo he visto y justamente los viernes, esa imagen de ver trabajadores que vuelven cansados de la zafra, en condiciones de vestimenta muy degradada, haciendo fila para comprar drogas, es una imagen que uno la puede ver en varios asentamientos de la ciudad. Es un tema muy importante, al que debemos abordarlo con mucha madurez para no generar falsas expectativas con expresiones efectistas. Hay que darle madurez al debate y entender que es un tema complejo de resolver en forma directa, porque no lo han logrado ni las ciudades más organizadas del mundo, ni Dinamarca, ni Alemania, ni Inglaterra ni Japón.
Muy difícilmente lo podamos hacer nosotros con instituciones muy debilitadas. No obstante, a esa lucha hay que darla, pero también entender que no hay que descuidar la obligación de construir una cultura preventiva.
- ¿Cómo sería esa cultura preventiva?
- Tiene que pasar por las escuelas, pensando en un esquema de escolaridad obligatoria que se cumpla.
- Hace mucho que es obligatorio por ley hasta el secundario y sin embargo los pibes dejan la escuela a los 8, 9 años y no pasa nada.
- Sí, hay niveles de deserción importantes, sobre todo en el secundario, pero creo tenemos que construir una cultura del cuidado de la salud, de la prevención de los consumos problemáticos, en una sociedad de la sobreestimulación, de las presiones, de los paradigmas del consumo, del tener, del materialismo extremo, y donde hay a su vez enormes problemas económicos.
- ¿Pero, qué pasa con los que ya cayeron en la adicción? ¿Cómo salen? Algunos quieren salir pero no pueden porque no tienen a dónde ir. Hay alguna parroquia, algunas iglesias, pero fuera de eso cualquier tratamiento es muy caro.
- Creo que si tratamos bien la prevención, vamos a tener más recursos para trabajar en términos paliativos o curativos. Desde mi conocimiento de campo observo que los que mejor trabajo están realizando son las iglesias. Es un diferencial importante la capacidad que tienen para resolver estas situaciones en relación al sector público.
- ¿El sector público no puede porque carece de capacidades o porque falta decisión política?
- Las dos cosas. El sector público, así como está concebido, hay un montón de cosas para las cuales no está demostrando capacidad. Si uno ve cómo funcionan los salones de usos múltiples, a veces los CDI, todo eso que fue pensado en las primeras décadas del siglo, uno lo ve semiabandonado. No hemos tenido la capacidad de hacerlo funcionar a ese modelo territorial. Tenemos que repensarlo, porque estamos perdiendo la capacidad de intervenir en el territorio. El municipio tiene cada vez menos presencia organizativa en el territorio y lo mismo pasa con el COPNAF. Ahí hay que pensar fuertemente cómo encarar esa gestión.
Las iglesias que logran cosas en la respuesta a las adicciones funcionan a través de la persuasión, del convencimiento, la motivación. Son habilidades blandas. El Estado funciona con una cultura burocrática que tampoco funciona bien, porque muchas veces esos espacios se llenan por compromisos políticos...
- De hecho, hemos tenido al frente del Copnaf en la zona gente sin siquiera una titulación vinculada...
- Nosotros tenemos una carrera muy importante que es la del trabajador social. Tenemos que hacer una apuesta a esa carrera y a hacer un trabajo social, porque Concordia lo necesita. Hemos armado esquemas de reciclado con los merenderos, en barrios como Magnasco, Legerén, que no tienen instancias de reciclado que funcionen bien y el residuo tiene que viajar muchísimo y eso supone solucionar al municipio los problemas logísticos y al mismo tiempo una oportunidad de trabajo para la gente. Y vemos que la gente está felizmente dispuesta para dar un paso, para salir adelante, incorporó esa idea de que basta de dádivas, vamos para adelante, queremos trabajar, vemos ese mensaje claramente, pero tiene que estar acompañado de un trabajo social eficaz que tenga un rol organizador, constructivo, que genere relaciones de confianza y dinámicas.
- ¿Eduardo Asueta con qué precandidato a gobernador pegará boleta en las PASO: Bahl, Cresto o Piaggio?
- La predisposición de apoyar a Bahl está, ha sido una buena designación. Tiene estratégicamente muy buena imagen en Paraná y Paraná Campaña que es el voto más delicado para el peronismo entrerriano. Es muy apreciado dentro de la gobernación por la gestión, visto como alguien con una alta capacidad organizativa, lo que tocaba funcionaba, obsesivo de hacer las cosas prolijas y bien. Creo que es un buen candidato. Ahora, hay otros candidatos que no está mal que se presenten.
- Entonces, vas a ir en la boleta con Adán Bahl...
- Seguramente. Lo que estaría por verse es si se podría pegar con otros candidatos...
- ¿Cómo es eso? ¿Se puede pegar con más de uno?
- Técnicamente sí.
- ¿Frigerio podría pegar con varios precandidatos presidenciales? ¿Un precandidato a intendente con varios a gobernador?
- Es que estamos por cumplir 40 años de democracia y todavía seguimos discutiendo reglas electorales básicas. Nos estamos acostumbrando a discutirlas a partir de las conveniencias coyunturales. A mí me seduce la idea de ponerle las cosas fáciles al elector.
- ¿Cómo?
- Un esquema muy interesante es el de la boleta única, que el gobernador propuso, pero por falta de consensos dentro de la oposición y dentro del oficialismo también fracasó. Hubiera sido un paso adelante muy interesante para Entre Ríos. Ahora no hay boleta única y entonces facilitar los pegados, podría ser. Pero no quiero tomar partido sobre un tema que puede tener varias soluciones y tampoco están confirmadas las candidaturas.
- ¿Qué piensa de le mega explotación de los bienes como fuente de empleo, las mega granjas, el rellenado de humedales, el dragado del lecho del río y otros?
- Tengo un perfil ambiental, una trayectoria de trabajo en la cuestión, pero creo que hay que tener una mirada amplia, estratégica, no tan ideologizada, una mirada amplia del territorio. En Entre Ríos tenemos que prestarle muchísima atención al delta como gran humedal, priorizar los humedales importantes como el Gualeguay, nuestros arroyos, pero hay que pensar una performance que incluya todo el territorio y hacerlo bien en lo estratégico.
Tenemos los dos arroyos más importantes de la ciudad, Yuquerí Grande y Yuquerí Chico, contaminados y capaz nos estamos matando por un humedal de 200 metros cuadrados. Empecemos por lo estratégico. Cuidemos los humedales como concepto pero no lo hagamos tan cerradamente, tan a ultranza, tengamos una mirada amplia del territorio.
- ¿No es posible hacer las dos cosas a la vez, lo estratégico y el pequeño humedal?
- París no existiría. Está edificada sobre un humedal.
- También hay infinidad de cosas construidas en Concordia hace 50 o más años y sobre humedales. Ahora, una vez que cobramos consciencia del daño, ¿por qué seguir haciéndolo?, ¿por qué permitir una obra más?
- Sin dudas, pero hay que tener una mirada amplia del territorio y entender que hay que lograr una performance general que funcione, una performance que sea sostenible.