Analía Cardoso, presidenta del Comité Departamental Concordia de la Unión Cívica Radical, presenta una “mínima descripción” de una lista que considera “interminable” de ejemplos -de la vida cotidiana- sobre su visión de la realidad.
La pobreza que “sigue creciendo a un ritmo nunca antes visto” y la situación del “ciudadano de a pie” frente a un Estado “voraz” y “desalmado”, forman parte de su análisis en un artículo de opinión remitido a El Entre Ríos.
Basada en ejes tales como “la educación, la salud, la seguridad, la justicia, las calles, rutas y caminos”, la dirigente radical comienza parafraseando a Arturo Pérez Reverte para luego entrar directamente en materia, hasta concluir en los efectos de la “demagogia”.
LLAMANDO AL LOBO COMO IDIOTAS
El título pertenece a un artículo del escritor español Pérez Reverte, pero viene bien para reflejar nuestra realidad.
No es una novedad la aguda crisis en la que nos encontramos. Hay quienes predican que se debe al Estado voraz y desalmado que solo mete la mano en el bolsillo a los que tienen la capacidad económica para pagar con el cuento que es para darle a los más pobres, pero sin embargo la pobreza sigue creciendo a un ritmo nunca antes visto. Y muchos se hacen eco de ese discurso que bajo un manto liberal esconde realmente una actitud anárquica, con metodologías fascistas.
El ciudadano de a pie paga impuestos cada vez más caros, que deberían destinarse para las funciones esenciales del Estado como son la educación, la salud, la seguridad, la justicia, las calles, rutas y caminos. No obstante ello, para tener una educación más o menos decente para sus hijos debe pagar una escuela privada o de gestión privada, porque el Estado se desentendió de las escuelas, de las currículas, de la alfabetización de la población, de las funciones docentes, de los problemas que genera en una familia trabajadora la falta de clases por cualquier razón.
Lo mismo sucede con la salud. Con el impuesto se paga la salud pública, pero los hospitales públicos carecen de turnos para consultas de especialistas, de insumos o de atenciones básicas como partos. Los trabajadores con su sueldo deben aportar a una obra social; si es estatal, las que no se caracterizan por ser buenas, no tiene la posibilidad de pasarse a otra; si es sindical, las que mejor funcionan solo aceptan a trabajadores de otra actividad luego de largos trámites o mediante recursos judiciales, y el que puede, a pesar de estar pagando las obligatorias, se adhiere a una prepaga. Algunas familias pagan cuatro sistemas a la vez y no tienen la seguridad de una buena atención.
Ni hablar de cuestiones de seguridad, donde las fuerzas policiales tienen personal insuficiente, mal pagados (para subsistir deben hacer adicionales), mal pertrechados (si sus agentes quieren chalecos antibalas debe pagárselos), sin vehículos adecuados o con falta de combustible. Sin embargo, un sector de la sociedad que cumple religiosamente con los impuestos, debe pagar aparte seguridad privada, adicionales, construye casetas para el policía, le compra la moto y demás.
La justicia no escapa a lo anterior. Se paga una tasa de justicia, la que si se pagó de más al principio porque creía que el reclamo era mayor y luego se decide que es menor, no hay devolución, además de sellados, cartas documentos, tasa de mediación, honorarios, viáticos al notificador, adelanto de gastos a peritos, estudios médicos adicionales porque el hospital no está para eso, honorarios a peritos porque no hay un cuerpo de peritos especialistas en el poder judicial para una justicia rápida, etc.
Las zonas residenciales de la ciudad son las que pagan más altas tasas municipales, pero en la gran mayoría las calles no tienen asfalto, son de ripio, con un pozo al lado del otro, intransitables los días de lluvia, la iluminación es deficiente y donde hay es porque la gestión para su colocación la hicieron los propios vecinos y la recolección de basura es intermitente.
Esta es una mínima descripción, pero la lista es interminable. El ciudadano cumplidor escucha que hay alguien que llega a los medios de comunicación y grita a los cuatro vientos esto que a diario sufre, y ve reflejado en él su realidad. Pero, cuidado: no porque digan nuestras verdades van a ser los salvadores de la Nación. Prometer es fácil, y las soluciones veloces a grandes problemas en un Estado republicano son solo una expresión de deseos. La historia nos muestra que esto acaba alumbrando movimientos totalitarios, redentores siniestros, peligrosos salvapatrias que recortando libertades y derechos conducen a callejones oscuros, cuando no a cementerios.
La demagogia ya sea de izquierda o de derecha solo lleva a que los lobos que siempre están al acecho ganen espacio en los medios y las encuestas, convenciendo al electorado para lograr su apoyo y se una a ellos en el repudio al Estado democrático y las instituciones republicanas.
Analía Cardoso
Presidenta Comité Departamental
UCR - Concordia