Desde el 7 de marzo, ha dejado de funcionar el “comedor de los sábados” ubicado en Hipólito Yrigoyen al 1200, en instalaciones que pertenecen a la Parroquia “Inmaculada Concepción”, en Concordia.
El comedor abrió sus puertas hace más de una década. Entonces, recibía alrededor de 30 personas. Actualmente, varias decenas pasaban por allí cada sábado a buscar su comida. ¿Qué pasó? ¿Por qué se sirvió la comida hasta el último sábado de febrero y no se continúa? ¿Qué dicen los protagonistas?
La explicación del Consejo y la Junta Parroquial
Este martes por la mañana, El Entre Ríos recibió una comunicación que lleva la firma del Consejo de Pastoral Parroquial y Junta Parroquial. Allí se detalló lo sucedido recientemente y de qué manera se procedió hasta que finalmente se llegó al cierre.
Aclararon que no ha sido, inicialmente, esa propuesta. “Varios miembros de la comunidad, el Consejo Pastoral Parroquial y la Junta Parroquial han pensado una propuesta alternativa para una nueva modalidad donde la seguridad de los fieles quede resguardada y, a su vez, se atiendan las necesidades de las personas”, contaron.
En efecto, el lugar elegido era el comedor de la Fundación “5 Panes”. Desde el entorno de la ONG confirmaron a El Entre Ríos que ellos habían aceptado la propuesta hecha desde la comunidad parroquial para que se hiciesen cargo de entregar la comida. Sin embargo, tal posibilidad finalmente debió ser descartada.
Y la razón, según el Consejo Pastoral, fue la siguiente: “Dicha propuesta fue presentada al equipo que coordinaba el servicio en cuestión, el cual manifestó disgusto y disconformidad, por lo cual han decidido no continuar con dicho servicio”.
Remarcaron, antes de concluir, que “la decisión de “cerrar el comedor” fue tomada por un equipo coordinador del “comedor de los sábados”. La propuesta del Consejo y la Junta fue una nueva modalidad para que el servicio continúe prestándose”.
¿Qué dijo uno de los colaboradores del comedor?
Juan Ferla es uno de los voluntarios que impulsó este comedor. Detalló, en diálogo con el sitio “Diario Río Uruguay”, que "se acercaba gente del barrio San Agustín, de Villa Busti, de Carretera de la Cruz, de Gruta de Lourdes, entre otros lugares”.
La consigna que motorizó la iniciativa fue que estas personas “al menos un día de la semana", tuvieran una comida decente y por eso “les hacíamos una muy buena comida", la cual "primeramente le dábamos de comer acá y después se nos hizo imposible, así que empezamos a darles para que lleven para su casa y tengan comida para el domingo”.
Remarcó que para esta tarea “no recibimos ningún beneficio, ninguna ayuda de ninguna organización y no estamos con ningún partido político”. Todo lo que se logró “lo hicimos por voluntad, desde nuestro bolsillo”, siendo la única ayuda que recibían unos “$1400 pesos que nos brindaban unos chicos de PAMI para colaborar, pero sólo a la semana teníamos $500 de pan”.
Respondió, al ser consultado por el cierre de este comedor parroquial, que el viernes 6 de marzo “nos encontramos con que el padre José Luis Bogado, cura párroco, nos llamó para decirnos que había cambiado el tema y ahora no íbamos a seguir recibiendo gente ahí".
“No nos dio tiempo ni siquiera de avisarle a la gente”, lamentó el hombre y aseguró que igualmente “vinimos el sábado y nos presentamos", pero "notamos que habían cerrado todo el lugar con candado, como si nosotros fuéramos delincuentes, más o menos". Con ese panorama "tuvimos que avisar a toda la gente que no había más comedor”.
Según las palabras que brindó este colaborador a Diario Río Uruguay, “esto ocurrió así porque (debido al comedor de los sábado) iba gente humilde y desprolija a la iglesia y dentro de toda esa gente que venía, hay chicos que son alcohólicos, drogadictos, un grupo de 10 personas que no podíamos echar porque también son hijos de Dios y no los podemos desatender por estas cuestiones”.
Opinó que "el párroco lo hizo así para que la iglesia no se vea sucia de alguna manera, porque es mejor recibir gente bien vestida y agradable que estar con los pobres", reprochando esta acción porque "todos somos hijos de Dios, no solamente la gente que tiene para comer” reflexionó Juan. Insistiendo en que en el caso de la gente que concurría al comedor de los sábados “es gente que necesita este alimento, no es una necesidad material como la vestimenta o algo más”.
Contó, para concluir, que durante una reciente misa “el padre manifestó que las cosas habían cambiado en el comedor y que la gente que estaba a cargo (por los colaboradores) no aceptaron las nuevas normas”.