Atención

Esta imágen puede herir
su sensibilidad

Ver foto

Compartir imagen

Agrandar imagen
Buenos Aires, más que un puerto

Desde casi el momento de su segunda fundación Buenos Aires ha sido mucho más que un puerto. Ello a pesar de que como ciudad, su nombre originario es Ciudad de la Santísima Trinidad, y si la historia hubiera tomado otro rumbo, seguramente ahora la conoceríamos como Trinidad; o hubiera sido desplazado por el apocopado nombre del puerto, que era el de Santa María de los Buenos Aires.

Por Rocinante

La explicación de ello es muy simple, o así por lo menos la veo, ya que a su importancia económica (era el lugar de salida al norte de los minerales extraídos en lo que hoy es Bolivia, y antes era una gran parte de lo que se conocía como Alto Perú), o sea la de ser en apariencia el único puerto posible en todo su territorio, unía la de ser un sitio geopolítico estratégico, ya que por su ubicación estaba destinado a sofrenar las aspiraciones territorialmente expansivas, primero de Portugal, y luego las de Brasil, que aspiraban a sentar pie en la costa oriental del Río de la Plata.

Quiere ello decir que se asiste a una crecimiento paralelo de la ciudad/puerto, por una parte el burocrático como capital del entonces Virreinato, a la vez que del comercial, por ser el puerto de ingreso y de salida de ese mismo Virreinato.

Producida la Revolución de Mayo, en su condición de hermana mayor (todo según el calificativo que le dio Juan José Paso en el Cabildo Abierto del 22 de mayo de 1810) llevó e impuso su revolución, en la mayor parte del territorio virreinal, mediante sus expediciones libertadoras al Alto Perú y al Paraguay.

Nada cambió durante el interregno que enfrentó a unitarios y federales, ni tampoco después de la consolidación de Rosas en el poder. Porque unos y otros coincidían, aunque con variantes de estilo y de proyectos, en la centralidad de Buenos Aires.

Luego del inicio del periodo conocido como de Organización Nacional, en lo que respecta a su status se dio inicialmente una situación curiosa: Buenos Aires siguió siendo la capital de la provincia homónima, al mismo tiempo que servía de alojamiento al gobierno federal. Se daba así el caso que este último no tenía casa propia y estaba obligado a vivir en casa ajena, en la que no siempre recibía un trato amigable de sus anfitriones.

Prueba de lo cual se la tiene en el alzamiento porteño que encabezara el gobernador Tejedor, derrotado en los comicios presidenciales frente a Roca; y que, como resultado de su fracaso en esa asonada, pudo producirse la federalización de la ciudad de Buenos Aires, y el traslado de la capital de la provincia a la fundada con ese objeto, o sea La Plata.

De allí en más, paso por alto los intentos varios, entre ellos el último, cual fuera el del Presidente Alfonsín, de llevar la capital federal en dirección al sur y al frío trasladándola a Viedma, para entrar a ocuparme del estado actual de la ciudad de Buenos Aires, luego de la reforma de la Constitución Nacional en 1994.
La condición actual de la ciudad de Buenos Aires; menos que una provincia; más que un municipio
Como consecuencia de esa reforma (artículo129 C.N.) la Ciudad de Buenos Aires pasó a contar con un régimen de gobierno autónomo, con facultades propias de legislación y jurisdicción, y su jefe de gobierno será elegido directamente por el pueblo de la ciudad. Enunciado que hace oportuno recordemos que antes de 1994, la ciudad de Buenos Aires era un municipio que tenía la facultad extraordinaria de tener representación propia en las cámaras de senadores y diputados del Congreso de la Nación, pero no tenía la facultad de elegir al intendente municipal, cuya elección recaía en el presidente de la Nación. Y que con posterioridad a esa reforma constitucional, los ciudadanos de la ciudad eligieron una convención constituyente que procedió a aprobar, en 1996, un estatuto organizativo (art. 129, CN), denominado "constitución" por la convención; en cuya redacción adoptó como nombre oficial el de Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Mientras tanto, se ha destacado que no hay acuerdo entre los especialistas, sobre cuál es el estatus jurídico de la ciudad de Buenos Aires. La discusión central se concentra alrededor de las dicotomías autonomía-autarquía y municipio-estado.

Entre todas las posturas posibles acerca de la naturaleza jurídica de la ciudad, Buenos Aires optó por la de Horacio Rosatti, jurisconsulto y político actualmente integrante de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Quien sostiene se trata de una ciudad constitucional federada. Sobre todo si se tiene en cuenta que esta postura doctrinaria fue recientemente adoptada por la Corte Suprema de Justicia de la Nación, en una sentencia dictada en abril del año pasado.

Algo que no quita que su autonomía es limitada, debido a su doble rol de asiento del gobierno local y de capital federal. Una limitación que viene a consistir en que no puede interferir en el ejercicio de los poderes del gobierno federal ejercitados en el ámbito de su competencia. De donde es cierto que la ciudad de Buenos Aires no es una provincia; ello consecuencia, lo reitero, de su autoridad limitada. Lo que no quita que de cualquier manera integre de modo directo el sistema federal argentino conjuntamente con los restantes sujetos políticos que lo componen, como es el caso de las provincias.

La única manera en que el gobierno federal puede interferir en el ámbito propio de la autonomía de la ciudad de Buenos Aires es apelando a los mecanismos de la intervención federal.

En ese sentido se ha señalado que siendo la ciudad de Buenos Aires sede del gobierno local y capital de la república, ya no está federalizada, dado que la ciudad fue constitucionalmente des-federalizada; y resulta, por ende, susceptible su gobierno de ser intervenido de manera íntegra o parcial porque, en virtud de este status, puede incurrir -al igual que las provincias- en las causales previstas en el art. 6° de la Constitución.

Algo que es lo mismo que decir que toda interferencia o injerencia en los ámbitos de su autonomía –como son tanto la educación, como la circulación de personas o el de mantener comercios abiertos- no puede llevarse a cabo sin la previa declaración formal de la intervención federal, en este caso, al gobierno autónomo de la ciudad de Buenos Aires.

Me encuentro entonces colocado en una postura que reconozco resulta materia opinable, sobre todo careciendo de pergaminos que puedan ser utilizados para invocar una autoridad de la que carezco. Según la cual el Poder Ejecutivo de la Nación, ante la circunstancia de que el Congreso de la Nación se encuentra dentro del período de sesiones ordinarias, no puede en principio hacerlo, aunque invocara razones de urgencia y no puede intervenir en los ámbitos señalados del gobierno autónomo de la ciudad sin así decretarlo formalmente de una manera expresa, a través de un decreto de necesidad y de urgencia, cosa que no ha hecho.
A modo de conclusión
Se podrá a lo dicho replicar que la exigencia de una declaración formal de intervención federal al Gobierno Autónomo de la ciudad de Buenos Aires en los ámbitos indicados es una manifestación de un exceso ritual.

Por nuestra parte, consideramos que no es así, si se tiene en cuenta la gravedad de la medida, y la inclinación del actual gobierno para actuar, en más de una ocasión, orillando la institucionalidad. De donde el actuar de esa manera, hace que veamos con preocupación la naturalización de un comportamiento que no significa otra cosa que ver al gobierno federal marchando como Pancho por su casa, pisoteando las autonomías provinciales, o de ese gobierno municipal, cual es el caso que nos ocupa.

A lo cual podría seguir un avance que vendría a significar hacer lo propio con la autonomía personal de cada uno de nosotros.
Fuente: El Entre Ríos

Enviá tu comentario