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De “re-pavimentaciones”

La ex ruta 26, entre Colón y San José

El mensaje gubernamental a la Legislatura provincial, al que este portal tuvo oportunidad de referirse en una nota editorial, por su minuciosidad destacable y la importancia de las cuestiones en el mismo contenidas, es una verdadera cantera de eventuales comentarios, la que en ocasiones será para nosotros de provecho para analizarlo.

 

La importancia que en el mismo le ha dado nuestro gobernador Bordet a las obras viales al momento de su enumeración y tratamiento, viene a decirnos que después de más de siete décadas desde que Raúl Uranga, en su campaña electoral que lo llevó a ocupar, también a él, la gobernación provincial, entre sus “caballitos de batalla” se encontraba la promesa de “sacar a Entre Ríos del barro”, todavía una tarea en cierta medida, explicablemente, incompleta.

 

Demás está decir que Uranga cumplió con creces las exigencias de una meta imposible de culminar en un período de gobierno. Y que la relación que ha efectuado Bordet en la ocasión mencionada, nos dice a las claras lo mucho que, a pesar de sus esfuerzos, queda por hacer. Es más, cabe afirmar que esa es una tarea inacabable y, por ende, una meta casi imposible de alcanzar. Porque siempre queda algo por hacer y, lamentablemente, mucho por “re-hacer”. Ello consecuencia que cada vez con más frecuencia por malas prácticas constructivas por parte de las empresas adjudicatarias de las licitaciones respectivas, acompañadas de controles y fiscalizaciones ineficientes, consecuencia de la impericia, negligencia, o aún más que ello, de la falta de control de los funcionarios encargados de ese cometido; circunstancia que en algún caso ha llevado, tal como en más de una oportunidad nos hemos encargado de destacar, a la increíble circunstancia de que la carpeta asfáltica de la ruta haya comenzado a deteriorarse a la vista de todos, antes de su conclusión.

 

Habría que hacer aquí un lugar para la referencia a la notoria falta de control del peso de la carga de los camiones que transitan por nuestras rutas, como circunstancia que va en desmedro de la duración de ellas, pero en realidad ello es nada más que una parte de un tema de mayor amplitud, cual es la de la tan inexplicable como censurable ausencia de una tarea permanente de mantenimiento de las rutas, tanto nacionales como provinciales, que existen en nuestro territorio. Una circunstancia que en apariencia al menos por los números de casos de “re-pavimentaciones” de rutas, tramos o sectores de ellas -hemos encontrado en el mensaje alrededor de 15 situaciones de este tipo, aunque ese conteo rápido deja margen para el error- anunciadas para iniciar, llevar a cabo o concluir en el transcurso del año. Una cifra que nos lleva a inferir que otro hubiera sido el estado de cosas de haberse llevado una permanente tarea de mantenimiento y control.

 

A la vez, y siendo conscientes de que la “manta es corta”, circunstancia que no permite atender a todas las obras que resulta necesario encarar, no podemos privarnos de dejar establecida nuestra decepción -habrá seguramente otros que en diversas partes de la provincia, darán muestras de idéntico sentimiento, motivado por circunstancias que a ellos también les toca vivir en carne propia- por no haberse incluido en las tareas de repavimentación al tramo de la ex ruta provincial 26, que desde Colón, llega a San José y desde allí continúa en dirección a Villa Elisa. Es que en el caso de esa ruta -y en especial el que vincula Colón con San José-, el tránsito es de una intensidad tal -no es nuestra intención entrar en comparaciones inconducentes- que es equiparable al de la intensidad febril de las calles céntricas de grandes ciudades. Y el cual, para colmo de males, corre peligro de volverse intransitable de no llevarse a cabo las tareas de “repavimentación” indispensables.

 

Es más, la circunstancia apuntada acerca de la intensidad de circulación incluso haría procedente, según nuestro parecer, convertir un primer tramo que deja atrás a San José en una ruta con doble vía. De lo que se trata ahora es que esa inquietud, generadora de la decepción mencionada, justificada por el hecho que El Entre Ríos de Colón ahora desde esta su publicación digital y antes desde la fundación de su anterior versión impresa (1883) ha impulsado a los municipalidades de las localidades involucradas, y a los legisladores del Departamento Colón, a que la obra referida sea concretada.

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