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Dichos de un opinólogo

Como se sabe, entre nosotros existe la propensión -una suerte de tentación obsesiva- a opinar de todo. Con el agravante que no se trata de la “doxa” de la que se ocupaban los griegos, y que eran precisamente eso, opiniones, afirmaciones dignas de un profesional bien formado en cualquier materia.

 

Una inclinación que se ve reforzada por el hecho que “todo está ahora en internet”, y por consiguiente, parecen hasta estar de sobra los profesionales.

 

Y de lo que se trata precisamente es de un caso concreto en que uno de esos opinólogos, precisamente uno, que por lo visto sabe tanto como un “ingeniero en caminos”, se acercó a nuestra administración, ocasión en la que, palabras van, palabras vienen -los opinólogos son, por lo general, locuaces hasta el punto que apabullan- salió el tema de “el asfalto de la Avenida Urquiza” de Colón.

 

Fue allí como de entrada y de una manera fulminante se despachó con un pronóstico tremendista y concluyente: “dentro de cuatro años se van a encontrar con un desastre”. Y en seguida pasó a explicar su afirmación, señalando que para hacerlo “se tendría que haber sacado la tierra hasta una profundidad de diez centímetros medidos desde la altura del cordón cuneta, cuando solo se cavó hasta la mitad de lo que se debía”. Eso no es nada, agregó: “la capa asfáltica es mucho más delgada que la que corresponde (no recordamos cuál es el grosor adecuado que dijo), ya que concluyó que “siendo fina la capa, cuando comience a cuartearse, se empieza a filtrar el agua de lluvia, se carcome la base, y empiezan a aparecer los pozos”.

 

Hacemos una?advertencia: ni somos opinólogos, ni sabemos nada del tema, y solo nos hacemos eco de esos dichos, porque consideramos que es necesario se tome de ello estado público, y ante esa “opinión” el Concejo Deliberante local, tome cartas en el asunto y haga frente a ello lo que considere.

 

Un consejo que no está demás darlo, máxime cuando la administración municipal? -y no solo la actual- es una máquina de hacer cosas que, más a la corta que a la larga, se rompen. Lo que está a la vista, para ejemplo basta comparar la duración del adoquinado de calle Urquiza con el hormigón de la Avenida Presidente Perón, que se hizo hace de esto siete décadas y todavía resiste.

 

De cualquier manera, la ocasión nos parece propicia para formular algunas preguntas, vinculadas con el tema. ¿Por qué se utilizó hormigón en el sector de la Avenida Urquiza entre Presbítero Cot y Hernández, si desde allí hasta el río por una parte y desde allí también hasta la ruta en lugar de hormigón ahora se utiliza asfalto? ¿Esas dos cuadras no quedan como un parche? ¿Por qué se siguen aquí y allá consolidando calles de una manera “salpicada”, como si fuera utilizando el caballo del juego de ajedrez para ir a los saltos, y no se parte de un plan que signifique un orden? Y conste que en casos como los que hemos hecho referencia no es aplicable aquello de “palos porque bogas, palos porque no bogas”.

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