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El 20 es color gris. Entre la ansiedad por lo impensado y la salida de lo cómodo

Tengo la teoría de que una vez puede ser el resto de tu vida. Por eso lo intento todos los días. Sin embargo, me costó 20 años tierra aprender eso; y los que todavía me faltan… Pero prefiero dejarle el futuro a quien no me conoce.

 

Por Rosario Costa (*)

Porque sí, tengo 20. Grande para las dudas y vueltas, pero no tanto para guiar mi camino. Donde todo parece importar más, porque viene de a dos. Donde capaz no me hago cargo de una empresa, pero volver desorientado todos los fines de semana es incorrecto. Es el real limbo, el famoso punto intermedio y la verdadera crisis. Por que todo marcha a su debido tiempo, pero, ahora, te toca marchar con él.

 

La vida funciona a base de momentos entrelazados que en un instante forman un recuerdo; un pensamiento recurrente, o una razón para hacer algo. Podría destacar a los amigos y a las parejas, pero la travesía de un corazón roto, o las personas temporales, son otra historia. Bienvenido al mundo de los pares e impares, de lo correspondido y no correspondido, y de lo suficiente e insuficiente. La realidad es que nada es tan malo como parece. Cuando entendemos que tenemos la capacidad de direccionarlo, de algo tan simple como: “lo malo me hace daño”, lo fácil se vuelve difícil.

 

El conocimiento es poder, y qué mejor que saber de mí mismo. La mejor cara a conocer, es cuando estamos solos, vulnerables y rotos. Porque nadie puede meterse en tu cabeza a hilar respuestas que no queremos aceptar. La posta la tiene uno. La terapia ayuda, el tarot y la energía te da credibilidad, pero el gran paso lo hacemos nosotros. Por eso la soledad es tan necesaria como el despeje con amigos. Un momento con y para mí nos enseña que podemos ser la causa y la solución, en un mismo juego.

 

Lo real es que nos martirizamos constantemente en que nos pertenecen ciertas cosas por un karma universal, o porque simplemente fuimos humanos. Que no somos lo suficiente para alguien que ya no nos está eligiendo. Lamentablemente, no es personal. Las personas actuamos a modo de nuestras experiencias, valores, personalidad, etc. No es que hicimos algo malo, que nos odia, que no tuvimos lo necesario; tan solo él o ella es así y no hay más vuelta que eso. No hay un por qué, no hay una razón que tenga que ver con nosotros. A veces los sentimientos se acaban y la falta de comunicación o el NO saber comunicarse nos devora la existencia. El amor es lo único que no puede llegar a ser suficiente en una relación, no por su falta, sino por la del resto de los factores necesarios para llevar un vínculo. Como dije anteriormente, la comunicación, la conexión, la complicidad, y el compromiso. El amor es un arma poderosa pero no la solución a su causa.

Las personas van a intentar convencerte de que fuiste el problema, de que un largo tiempo es insignificante, al lado de un rato. La verdad es que estamos bastante grandes para no hacernos cargo de lo que nos pasa o de lo que hacemos. Encapricharse con alguien porque tiene razón, es de las cosas más inmaduras que podemos hacer. Lo especial de esto es que todas estas experiencias nos preparan para el mañana. A algunos más que otros, con otro color y otra historia. A la mayoría le toca vivir situaciones de las que no los prepararon, de las que no les preguntaron si querían atravesar; en otros casos, a corta edad. La realidad es que todo pasa de la misma manera que pasó lo malo. Porque las altas y bajas están en toda la vida, solo que transitar episodios con una herida cicatrizada hace que él resto sea solo un aprendizaje más.

 

Nos asusta tanto los 20 porque madurar parece estar de la mano. Nos da miedo crecer porque hay que saber cosas básicas de la vida que no estamos dispuestos a correr. Una versión nueva de nosotros y lo nuevo nos asusta. Lo real es que el miedo no nos protege de nada y los hábitos viejos no abren puertas nuevas. Por eso salir de nuestra zona de confort, incluso solamente creciendo, con ideas y pensamientos nuevos, nos detiene tanto a los 20. La verdadera crisis es cuando ese equilibrio sí depende de nosotros. Levantarnos a las tres de la tarde nos frena un día por completo, y el no saber si medicina es y será mi primera opción para toda la vida me vuelve loco. Donde el disfrute en exceso no está bien, pero quedarse todo el día encerrado en casa me hace ser un depresivo. Todos los extremos son malos, por eso el gris, podría ser tu color.

 

Lo único que podemos controlar son las decisiones que tomamos en el camino. Es curioso porque nos matamos pensando en cosas que no podemos controlar, y cuando tenemos el mando, nos quedamos en el molde. De cualquier forma, nos invade le hecho de estar en el límite. A veces cuando no sabemos qué hacer, es mejor no hacer nada, no ir a ningún lado. La teoría que más sostengo es la de que todo pasa, la más recurrente, pero la más cierta. Apegarse a la idea de que la vida es temporal nos incita a esforzarnos más en nuestro final feliz, y que siempre hay un después de todo.

 

Y a veces es tan fácil como eso. Lo complicado de tener 20 es la falta de conocimiento a la nueva etapa, la ansiedad de lo impensado y la salida de lo cómodo. Al principio el número pesa más en la cabeza que en la vida, pero se hace mas fácil. Vivir siendo fiel a nosotros, porque ahora estamos solos; el resto es apoyo, pero la última palabra es nuestra. Se egoísta si tu salud mental está sobre la mesa. Estás perdonado. Porque capaz una vez puede ser el resto de tu vida.

 

(*) Estudiante de la Tecnicatura en Comunicación Social

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