Nos estamos refiriendo a lo ocurrido con la Plaza San Martín de la ciudad de Colón, la que gracias a la acción diligente y responsable de la actual administración, está asistiendo a una verdadera resurrección.
Todo ello, después de largos años de abandono, con sus paseos que en algún lejano momento estuvieron cubiertos de granza, invadidos por los yuyos; sus canteros casi desaparecidos y la mayoría de ellos, hasta desdibujados; sus bancos y veredones rotos. En suma, una verdadera descripción de un potrero desprolijo y hasta fantasmal. Esto último por la presencia de enormes tallas de madera, las que en ese marco, le daban al lugar una nota casi espectral.
Nos referimos a esas tallas, que era lo único destacable en medio del abandono, donde no era extraño ver a un paseante no local, fotografiase junto a ellas. Aunque ello no significaba que fueran la excepción a ese abandono al que nos referíamos. Ya que iban poco a poco perdiendo su barniz protector, y que ahora se están poniendo en valor, dentro de ese nuevo contexto.
De donde hasta el verano pasado era, de manera casi exclusiva, el espacio donde funcionaba un circo con sus tribunas metálicas, y donde era común encontrar en el interior del recinto a algunos de los pocos bancos, los cuales aunque rotos estaban en condiciones de ser utilizados. Bancos, por lo menos algunos de ellos, semiescondidos y agrupados de una manera que hacía que estuvieran ubicados enfrentados, dejando la sospecha que sus ocupantes nocturnos lo utilizaran con otra finalidad que la de mantener una charla, mientras fumaban en apariencia los clásicos cigarrillos.
Ahora, a las cosas se las ve rápidamente cambiar para bien. Algunos de los arreglos podrían ser mejores, ya que todo es perfectible, pero no es cuestión de entrar a menguar injustamente un esfuerzo que lo es doble, por la escasez de recursos con que cuenta la administración municipal colonense, en las actuales circunstancias.
De cualquier manera es maravilloso el hecho que se asista a la curiosa circunstancia de un valor inapreciable, cual es que se ha visto a los gurises retornar al lugar, acompañados de sus madres, junto a sus triciclos o bicicletas. Una circunstancia fácilmente asociable u otro hecho milagroso, cual es la abundancia de mariposas en los terrenos donde crecen determinadas plantas florales.
Una situación que de cualquier manera nos lleva a pensar en la escasez de plazas observables en la mayoría de los pueblos y ciudades, fuera de su casco histórico. Es que la incuria municipal cargada de imprevisiones, en estos casos específicos se hace presente, por coincidencia con la avidez de quienes ahora se los ve presentarse como desarrolladores inmobiliarios.
A la vez, para concluir, volver a preguntarnos, cómo pudo llegarse a esa situación, la que ha sido materia de reclamos, los cuales no han sido solo los nuestros.