El peronismo prebendario de Bahl y Bordet tirando de la cuerda bien lejos de Perón y de Evita y divorciándose del pueblo.
Por Juan Núñez
El peronismo tiene un costado revolucionario, de auténtica lucha, de defensa de los derechos de los trabajadores, del ser nacional, de los sectores vulnerables. Esto ha dado frutos innegables a lo largo de la historia. Ejemplos abundan.
Pero también lo arropa, quizás por desviación ideológica, un costado acomodaticio, prebendario, individualista y sumamente egoísta.
La típica ventajita, la viveza criolla, encuentra una guarida allí, en las entrañas mismas de ese movimiento histórico y hace nido ni más ni menos que en la cúspide.
Para muestra reparemos en un detalle: No por casualidad hoy y ahora las parejas, tanto del último Gobernador peronista Gustavo Bordet - Mariel Avila, como del último candidato a Gobernador de ese espacio, Adam Bahl - Claudia Silva, fueron colocadas por sus respectivos cónyuges en las listas como legisladoras provinciales; una en la Cámara de Diputados y la otra en la Cámara de Senadores, esta última por un extraño problema de salud de Hugo Main, que a menos de un mes de asumir, se dio cuenta que estaba enfermo desde 2019 y que no podía soportar la presión de las sesiones. Todo muy burdo.
A su vez, el hijo de Bahl, de nombre Joaquín, hace días nos enteramos que era un ñoqui en la Cámara de Diputados. Inclusive se le reconocieron servicios prestados en el ámbito del despacho del diputado Navarro con retroactividad al 1° de diciembre del 2022, pasando a desempeñarse a partir del 1° de junio del 2023 en dicho despacho aunque sin que obre en su legajo certificación mensual de asistencia suscrita por el diputado Navarro hasta el 10 de diciembre del 2023, a pesar de lo cual por decreto 177/23 fue recategorizado en el cargo de oficial jerarquizado”.
Pero volviendo al tema de los cónyuges: Si se le pregunta a cualquier entrerriano o entrerriana desprevenidos quién es Mariel Avila o Claudia Silva, seguramente ni siquiera las conocen. De la primera, la gremialista Carina Domínguez, de la Agrupación 17 de octubre, dijo que está en una banca que no se ganó con trabajo militante.
Luego de manejar millones en obras públicas, en compras del estado y de ocupar altos cargos, nada parecería alcanzarles a éstos personajes Gustavo y Adam, que manejan el peronismo provincial como si fuesen patrones de estancia. A gusto y paladar.
El entuerto valió que otro peronista, Juan Pablo Cosso, Senador Provincial por Villaguay, demostrando hastío y hartazgo diga en la red social X “sigan tirando de la cuerda”, que el divorcio con la gente será irreconciliable”.
Sigan tirando de la cuerda y el divorcio con la gente será irreconciliable.
— Juan Pablo Cosso (@juanpablocosso) December 29, 2023
Es curiosa y sumamente significativa la expresión de Cosso, además de realista: Habló de divorcio, cuando justamente de lo que se trata es de una unión inexpugnable, aparentemente entre cónyuges para aprovecharse de común acuerdo de ciertas ventajas o privilegios que otorga el hecho de gestionar el poder; pero estos matrimonios con dicha unión inexpugnable entre ellos mismos estarían provocando, en la metáfora elegida por el justicialista Cosso, el divorcio del peronismo con el pueblo; o, en otras palabras, le estarían quitando o vaciando la esencia.
Es tan verticalista el movimiento, quizás por el origen militar de Perón, que no hay casi, con honrosas excepciones, voces disidentes a esos evidentes aprovechamientos o desmanejos; no hay masas que se escandalicen de lo obvio; que pongan el grito en el cielo por tamaño abuso de poder; de manejo de los cargos como si fuesen empresas del sector privado.
Bahl y Bordet son conductores e invocan a Perón: El mismo general decía que “para conducir a un pueblo la primera condición es que uno haya salido del pueblo, que sienta y piense como el pueblo. Quien se dedica a la conducción debe ser profundamente humanista: el conductor siempre trabaja para los demás, jamás para él”.
En el caso de ambos, parece que más bien demuestran todo lo contrario.
La abanderada de los humildes, Eva Perón, pareja del general, mujer de una sensibilidad y una polenta única, alguna vez sostuvo en frase que debería repasar todo peronista que se precie de tal: “Yo no quise ni quiero nada para mí. Mi gloria es y será siempre el escudo de Perón y la bandera de mi pueblo. Y aunque deje en el camino jirones de mi vida, yo sé que ustedes recogerán mi nombre y lo llevarán como bandera a la victoria”.
La biógrafa Libertad Demitrópulos, resumiría años más tarde: “Eva Perón había sido —y quería seguir siendo— el espíritu revolucionario dentro del Movimiento Peronista y para ello debía mantenerse al margen de las estructuras burocráticas del poder. (…) Eva era la vigía del Movimiento y debía conservarse fuera del poder institucionalizado”.
El hoy está separado del ayer en el caso del peronismo por diferencias cualitativas esenciales o sustanciales, que afectan las bases mismas, los cimientos del movimiento. En apariencia, el pueblo peronista entrerriano no tiene reacción más que para escandalizarse de lo que hace Milei, como si éste hubiese nacido de un repollo. En ese reclamo, seguramente Bordet y Bahl, recuperarán sus respectivos roles, bien alejados de las enseñanzas de Perón y de Evita, y, por ende, en las antípodas del pueblo.
Parece que sigue la fiesta de "los cossos de al lao".