Cuando leímos el proyecto de comunicación presentado en la Cámara de Diputados de nuestra Legislatura por una integrante de este cuerpo, en el que reclama la aplicación de la legislación vigente, la pregunta inicial que nos planteamos -ya que en el proyecto aludido no se lo hace- es ¿realmente existe esa legislación referida a la extracción de arena de una manera agresiva para el medio ambiente?
Lo primero que acudió a nuestra memoria fue un verso de Guido Spano acerca del llanto paraguayo frente a esa tragedia continental que significó la Guerra de la Triple Alianza contra ese país. Una impactante poesía, respecto a la cual existen diversas formas de acceder que contenía, sin embargo, según en su época ya se decía, dos errores imperdonables, cual es el ignorar que el yatay no tiene ramas, ni es posible ver llorar al urutaú, porque este pajarraco no llora.
Es que “derrapes” de este tipo se los ve cometer de continuo, con el agregado de errores gramaticales groseros por no hacer el esfuerzo de utilizar, cuando se escribe en una computadora, el corrector. Dislates no solo en los fundamentos, algo que no es lo que sucede en nuestro caso ya que nos encontramos ante una meritoria, y hasta nos atrevemos a decir romántica, composición escolar, sino que sí es de gravedad inocultable en la parte dispositiva del proyecto que en repetidas ocasiones es de un contenido fantasioso o demostrativo de la influencia del realismo mágico, que hace dudar que muchos de los integrantes de nuestros cuerpos deliberantes tengan, aunque sea una remota idea, de lo que significa legislar.
Es que la asociación a ese falso llorón “el urutaú”, se hace presente en un párrafo de los fundamentos del proyecto que se lee, en referencia a esa extracción de arena, que estima y bien puede serlo, depredadora, que “si hoy no tomamos cartas en el asunto, nuestro querido río, el que nos identifica y nos hace llenar el pecho, nuestro querido Gualeguay, está condenado, está enfermo, enfermo de codicia, pronto a volverse un enfermo crónico, morir y con él dar muerte a las corrientes migratorias de peces que cada temporada buscan su cálido lecho, para seguir año tras año repoblando los hermanos mayores Paraná y Uruguay”.
Es que esa arena depredada es “un componente preciado para su posterior utilización durante el proceso de fracturación hidráulica, conocido como fracking”. De esa manera, se agrega que nuestro río está “cubierto en toda su extensión por una inmensa capa de arena purísima blanca, casi cristalina, perfectamente esférica y de una diminuta granulometría que en su transitar hasta su desembocadura va formando inmensos arenales naturales en las distintas curvas de su trayecto”.
Eso le lleva a agregar que “por las características antes mencionadas y por la mansedumbre de sus aguas, el Gualeguay tiene la inmensa responsabilidad de ser la maternidad del río Paraná y Uruguay bajo, el Delta y Pre Delta entrerriano y esto es así ya que sus arenas son el ámbito perfecto para el desove natural de las cientos de especies que forman la fauna ictícola, de las venas que recorren nuestras márgenes y dan nombre a nuestra amada provincia de Entre Ríos”.
De donde termina por explicar que “con la llegada del proceso de fracking para la extracción de hidrocarburos en el yacimiento de Vaca Muerta ha hecho que nuestro río (el Gualeguay) se encuentre sentenciado a muerte por el pecado de contar en su lecho con el llamado nuevo oro de la minería, arena de granulometría muy pequeña de características esféricas y libre de sedimentos, material primario para llevar adelante dicha tarea”.
Más allá de la elevación inapropiada del tono del reclamo, resulta claro que hay que atender a la preocupación de la preservación de nuestros recursos naturales, de manera de dejar objetivamente en claro cuál es el asidero real de esa preocupación tan poéticamente expresada. Es que si hubiera existido en su momento idéntica preocupación entre nosotros, nos hubiéramos evitado el crimen que ha significado ver una parte de nuestra comarca convertida por la extracción de ripio en cavas profundas que tienen a la vez de eriales y de socavones.
Pero existe también el peligro que en este caso se asista a una estrategia parecida a aquella utilizada en su momento para impedir la venta de rollizos de eucaliptos de nuestra provincia a la pastera fraybentina, como una manera, sino de estrangular, de hacer mella en su producción. Hoy la preocupación es por los neuquinos. Mientras que aquí, como seguramente sucede en la localidad de donde es originaria la legisladora, existan infinidad de focos contaminantes, a los que se los ve sin que se los mire de verdad, por no asignarle a ellos importancia alguna.