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Problemas estructurales, decisiones coyunturales

El jueves por la noche, el presidente Javier Milei anunció el envío de dos proyectos clave al Congreso de la Nación: uno destinado a reformar la Carta Orgánica del Banco Central y el otro a crear una especie de “grillete” fiscal si durante varios meses se hubiera registrado déficit en las cuentas públicas.

 

A pesar de su naturaleza esencialmente económica e institucional, los anuncios fueron presentados como si se tratara de iniciativas de naturaleza política: el Presidente aprovechó el espacio de la cadena nacional para fustigar el uso que la clase política hace de las instituciones en beneficio propio y en detrimento de la ciudadanía.

 

La Carta Orgánica del Banco Central es uno de los temas de debate preferido de los economistas: parece muy razonable que no debería haber emisión de moneda sin respaldo, pero también parece razonable que el Banco Central tenga la flexibilidad para emitir ante eventos extremos como una guerra o una crisis del sistema de pagos. Claro que siempre será muy debatible definir cuáles eventos merecen ser considerados extremos.

 

Intentar encorsetar al Banco Central y al Tesoro pueden parecer fines loables. Sin embargo, a la luz de la experiencia legislativa argentina, difícilmente los inversores extranjeros consideren los corsés más que como una condición temporaria. De hecho, sólo en el siglo XXI han habido dos reformas de la Carta Orgánica del Banco Central: en 2002, a la salida de la Convertibilidad, cuando las reglas de los años ’90 dejaron de existir, y en 2012, cuando bajo la presidencia de Cristina Kirchner se amplió el universo de objetivos de la institución: ya no sólo se ocuparía de preservar el valor de la moneda, sino que, además, tendría como objetivos promover la estabilidad financiera, el empleo y el desarrollo económico con equidad social. En fin, se le dio vía libre para hacer casi cualquier cosa. La reforma que ahora propone Milei busca, en esencia, retrotraer la situación a antes de 2012.

 

La propuesta de “grillete” fiscal, que parece copiar el lockdown del Tesoro estadounidense, también tiene buenas intenciones, aunque el modelo copiado no sea el mejor: el Tesoro de EE.UU. acumula 25 años consecutivos con déficit.

 

¿Era necesario hacer el anuncio por cadena nacional, tratándose de temas tan técnicos? La respuesta está en el uso político de la herramienta. La cadena nacional se usó para afianzar la noción de que Milei es distinto; es el portavoz del cambio cultural que “hará a Argentina grande de nuevo”. Puede estar convencido de lo que hace, pero también lo usa para hacer política.

 

Si sólo en este siglo tuvimos dos reformas de la Carta Orgánica, será difícil creer que la tercera será la vencida. Las reformas propuestas buscan atacar vicios estructurales, enraizados en la economía y en el funcionamiento del Estado. Son iniciativas valiosas, que quedarán en manos de legisladores volubles, que tratan los temas estructurales según las condiciones de la coyuntura. Legisladores que no tienen reparos en aprobar una ley y luego otra ley que contradice a la primera. Si se aprueba la reforma de la Carta Orgánica que promueve Milei, la habrán aprobado algunos legisladores que también aprobaron la reforma de 2012. En la tradición del más férreo grouchomarxismo, sus convicciones, si no agradan, pueden ser reemplazas por otras.

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