por Virginia Rodriguez Cabrera   Aníbal (71) un señor que trabajó toda su vida. Casado y con hijos, tiene un almacén en la calle Damián P. Garat, en el número 1317. Con sencillez, explica que trabaja en el rubro hace décadas.   Actualmente su negocio se llama “Minimercado el Guille". Anteriormente, se ubicaba en otra dirección, pero con el paso de los años se mudaron. Este nuevo lugar tiene casi 40 años de trayectoria, “es la edad de mi hijo, imagínate hace cuanto estamos en el barrio", explica. Narra que fue desenvolviéndose en el sector entre distintas realidades económicas del país.   “Nosotros teníamos otro local antes, con 12 empleados y otro movimiento, pero de a poco fuimos achicando”. Él mismo manejaba dos sucursales de su tienda: una en calle Tavella y otra en Las Heras. Se subía a su camioneta y trabajaba todo el día.   En ese entonces, equilibraba el manejo del almacén con la vida familiar. Su esposa, Cristina (66), trabajaba de maestra y directora en una escuela y lo ayudaba con el local en sus tiempos libres. Se turnaban para encargarse de sus cuatro hijos “pero no era sencillo hacer todo a la vez ”, afirma.   Su familia fue la razón por la que se mudaron. “Comenzamos a construir la casa al lado del almacén e íbamos separando el dinero entre la mercadería y poner las baldosas de la cocina", relata, con melancolía. Actualmente, su casa se extiende tras un pasillo al fondo del local. Tienen un taller para trabajar la madera de los muebles y un depósito lleno de productos, ordenados prolijamente en dos pisos según lo que se necesite en el almacén.   "Ordenamos por importancia ", explica Aníbal. "En el primer piso están los paquetes de alimentos no perecederos y arriba tenemos rollos y productos más grandes, lo de limpieza y otras cosas que no se venden tanto como la comida", cuenta.   El lugar vende comestibles, lácteos, paquetes de diversa índole, entre otros; pero últimamente han notado una decaída. La gente ya no compra tanto en negocios de barrio y muchos eligen hacerlo virtualmente o en lugares más grandes. "Después de la pandemia, fue todo distinto" asegura Aníbal.   El negocio es sencillo, pero pulcro. Los productos están ordenados con cuidado, "porque es importante que no se mezclen, hay que tener cuidado con las fechas de vencimiento y los que son más delicados" dice, con una sonrisa.   Al sostenerse de las compras de barrio, la situación no es sencilla. "La gente ya no compra en tanta cantidad como antes, eso se notó en los últimos años. Lo vemos por la cantidad de cajas que debemos reponer, ha ido disminuyendo". En invierno, suelen tener mayor tránsito a la mañana y en verano, es al revés: "la gente viene de noche a comprar fiambre y queso, alguna bebida, ese tipo de productos... aparecen por la tardecita cuando baja el calor" relata.   Aníbal dice que su producto estrella son las pizzas. Las hacen ellos: tienen un horno para cocinar 18 a la vez y las almacenan en el freezer para que duren más tiempo. Cocinan una vez a la semana y van repartiendo según la demanda. Sus clientes buscan algo sencillo y compran fiambre y queso en el mismo lugar. También cuentan con la opción de las pizzas pre-cocidas, todo depende del gusto personal.   Actualmente atienden en horario cortado (de 7.30 a 1 y de 17.30 a 21.30) Antes trabajaban de 7.30 hasta el mediodía y luego reabrían de 3 de la tarde a 12 de la noche. "Era insostenible, mucho cansancio para la familia estar tantas horas" , aclara. "De a poco fuimos acortando para no estar hasta tan tarde"   Sus ingresos son variables de acuerdo a la temporada. Septiembre suele ser el mes de mayor movimiento. “La fruta es estacional, por ejemplo, pero los paquetes de marca como las galletitas y similares se venden siempre". Van reponiendo en base a lo que haga falta y siempre se aseguran de que esté todo limpio.   Hoy en día quien maneja el lugar es Guillermo (41) , acompañado de su madre, Cristina. Su padre los acompaña en cuanto su salud se lo permite, pero destaca que el esfuerzo conjunto es clave. Con voluntad, siguen en pie, un día a la vez.   Estudiante de la Tecnicatura Superior de Comunicación Social