La pica entre paranaenses y santafesinos viene de lejos. Cada 10 de setiembre nos recuerda una disputa, al punto de la violencia, en el origen de las cargadas inofensivas de hoy.   Un 10 de setiembre de 1801, hace 225 años, el cabildo de Santa Fe expresaba su oposición a que Paraná fuera declarada villa. Empecemos, pues, por este conflicto que no fue el primero, pero resume esa suerte de River-Boca que llega a nuestros días.   Santa Fe quería mantener a la otra banda del Paraná (la nuestra) como un barrio propio, de donde extraer alimentos. Pero, ante el reclamo de nuestros pueblos al reino para emanciparse de Santa Fe, ¿cuáles fueron los argumentos expuestos? Esto decían los santafesinos de los paranaenses: “casi todos ellos son hombres ignorantes que no saben leer, y de hacerse allí cabildo, sería exponer a aquel lugar a su disolución, por la ninguna pericia de los individuos que lo componen”.   Más abajo señalaremos algunos precedentes, con alto gasto en sangre; y un momento clave con la intervención del charrúa Juan Yasú, que cruzó el río desde la costa oriental (luego entrerriana), hacia la costa occidental (Santa Fe) y le habló a los miembros del Cabildo en guaraní, de modo que los europeos y criollos llamaron a un traductor para entenderle. Y es que Yasú sabía dos idiomas, por lo menos, y los santafesinos, uno… (siguiendo el juego, hoy en tono amistoso).   La dinastía de los Yasú se fue afincando en la vecindad de La Baxada (la costa opuesta de Santa Fe) por compartir intereses con los europeos y criollos. Como dice el estudioso César Pibernus, “la fundación de Santa Fe fue a dos bandas”.   Claro que la unidad de los pueblos nos viene del fondo de los tiempos, y se nota muy bien en las cerámicas con líneas incisas y cabecitas de loro de los alfareros orilleros que habitaron las dos costas del Paraná.   El fallo de Cisneros     Estábamos en 1801. Tres años antes, el 7 de octubre de 1798, los paranaenses reiteraron gestiones que ya habían hecho con el objetivo de que el virrey creara un Ayuntamiento. Para eso designaron como representante a Manuel de Robles. Este vecino hizo el trámite el 14 de octubre y el documento pasó por el Cabildo de Santa Fe. El resultado fue expuesto en 1801 por la negativa, como precisamos más arriba. A los ignorantes, ni villa.   Los entrerrianos siguieron insistiendo. Al asumir Baltasar Hidalgo de Cisneros como Virrey mandaron una comisión para saludarlo en Buenos Aires y pedirle que convirtiera a Paraná en villa, es decir, le diera vida propia. El tema, como se ve por la perseverancia, resultaba crucial.   Atentos a la resistencia de los santafesinos, esgrimieron una serie de razones a favor. Y lo convencieron: Cisneros reconoció la categoría de villa a Paraná el 9 de enero de 1810. Su decreto no designó cabildantes, y entre idas y vueltas, llegó la Revolución de Mayo. Paraná había logrado la emancipación (dentro del reino, claro), pero no la pudo consumar, de modo que siguió dependiendo de Santa Fe.   Debieron pasar otros tres años, entonces, hasta que la Asamblea General Constituyente elevó a Paraná al rango de villa el 25 de junio de 1813.   La misma Asamblea que se opuso a los diputados orientales (artigueños), dio continuidad al trámite de Cisneros, esta vez por la positiva. Paradojas de la política. Y mala suerte para los santafesinos que veían mermado su señorío.   No pasaría un año para que Buenos Aires mandara tropas con la decisión de intervenir en el territorio entrerriano, y el mandato de descabezar la revolución artigueña. El varón de Holmberg fue derrotado en el arroyo Espinillo por los entrerrianos y orientales, al mando de Eusebio Hereñú, el 22 de febrero de 1814. Esa batalla gestó, en los hechos, la autonomía entrerriana que sería reconocida después por el director supremo Gervasio Posadas (10 de setiembre). ¿Quién venía con los invasores de Holmberg? Un joven de 27 años llamado Estanislao López. Es decir: porteños y santafesinos unidos en la misma idea de aplastar las ideas federales y republicanas de los entrerrianos. (Estanislao se arrepintió ese día, y se pasó al bando de los federales).   Antes de eso, en 1811 los entrerrianos liderados por Bartolomé Zapata asumimos el gobierno de las ciudades con cabildo, contra los realistas. Y como vimos, en 1813 Paraná se desató de Santa Fe, y en 1814 vencimos a las tropas porteñas y Entre Ríos adquirió estatus de autonomía: tremendos chirlos contra los intereses económicos. Pensemos que apenas una década y pico antes, del otro lado del Paraná sostenían que éramos todos “ignorantes”, incapaces de una organización propia.   Rocamora, otro estorbo     Las diferencias venían de antaño, claro, y continuaron después. A los entrerrianos les costó mucho quitarse de encima a los acomodados españoles, porteños y santafesinos.   El 11 de agosto de 1782 Tomas de Rocamora le mandó al virrey Vértiz una medulosa carta en la que le aconsejaba dar combate a los terratenientes (mayoría de Buenos Aires y Sante Fe), para facilitar el arraigo de la vecindad humilde, y en ella auguraba, de cumplirse estos requisitos: “será la de Entre Ríos la mejor Provincia de esta América”. Ahí Rocamora le daba nombre oficial, Entre Ríos, le llamaba provincia, y anticipaba luchas contra sectores capitalistas que se apoderaban del territorio.   Estos encontronazos entre los intereses de Santa Fe y los de emancipación de Entre Ríos fueron expuestos en distintas obras por los historiadores entrerrianos, y en ellos hizo hincapié en especial Aníbal Vásquez que, sobre el pedido de Rocamora, apunta: “en el año 1795 el cabildo de Santa Fe pretendió reivindicar el nombre “Partidos del Paraná” (en lugar de Entre Ríos) con que, anteriormente, se conoció esta zona, pero las gestiones no prosperaron”.   Está claro, pues, que Santa Fe no quería siquiera el nombre que finalmente se consolidó. Veamos un poquito para atrás, y luego avancemos en conflictos ya del siglo XIX.   Un siglo de paz     Corría 1715. En Entre Ríos gobernaban los charrúas, con distintas estrategias, unos más proclives al diálogo, otros más intransigentes. Yasú cruzó el río y pidió ayuda a los españoles que gobernaban Santa Fe. Allí recordó los 80 años de paz y trabajo que habían cultivado a dos bandas, españoles y charrúas de esta gran familia en las lindes del Paraná (no tanto las de las nacientes del Gualeguay y Corrientes, que experimentaban otro tipo de conflictos, con Campusano a la cabeza).   Es así como los historiadores exaltan los 120 años de paz de 1632 a 1750. En ese tiempo, los jóvenes españoles y criollos pasaban el río hacia la banda oriental (hoy Entre Ríos) para jugar con sus pares charrúas, en una suerte de mutuo aprendizaje.   Carlos Ceruti cita a Salaberry al sostener que se logró “establecer con una parte de los Charrúa, un estado de paz, y en cierto modo una alianza que duró 118 años, desde 1632 hasta 1750". Y Diego Bracco afirma que los historiadores, como los periodistas, suelen poner tanto el foco en las batallas que dejan para después los períodos de convivencia.   Cuando Santa Fe encerró a los pueblos ancestrales del norte (Santa Fe y Chaco) en reducciones, se vio con las manos desatadas y decidió, con Buenos Aires, atacar a los charrúas, en la banda oriental (del Paraná) hasta su exterminio. Muchos se metieron en los montes y las islas, otros pasaron el Uruguay, lo que dio pie a ciertos historiadores uruguayos para crear un mito fundacional charrúa en la banda oriental del Uruguay (cuando en verdad habitaban principalmente la banda oriental del Paraná, y principalmente Entre Ríos); y los demás sobrevivientes fueron reducidos en Cayastá. Hace pocos años conocimos a través de los orientales Rogelio Brito y Diego Bracco algunos documentos de Cayastá (archivados en Sevilla) en los que figuran 175 nombres charrúas del actual suelo entrerriano. Un hallazgo extraordinario. Eran las familias que poblaban el territorio hoy entrerriano, en tiempos de conquista, y que continuaron sus vidas, bajo presión militar y cultural, en territorio hoy santafesino.   El gobernador de Buenos Aires José de Andonaegui y el teniente gobernador de Santa Fe, Francisco Antonio de Vera y Mujica, fueron los responsables del ataque en 1749 y 1750 a los pueblos ancestrales de la banda oriental del Paraná. Es sabido que los Andonaegui y Vera Mujica nombran hoy pueblos y calles de Buenos Aires y Santa Fe, mientras que sus víctimas (supongamos, Naigualeis, Gleubilbe, Doymalnaye) no nombran pueblos ni calles de Entre Ríos, por ahora…   Como los pájaros     Las diferencias de los dirigentes santafesinos y entrerrianos continuaron en pleno siglo XIX, y tuvo un pico en las discrepancias de Francisco Ramírez y Estanislao López, que terminaron con la cabeza de Ramírez exhibida en la plaza pública de Santa Fe en 1821.   Con el tiempo, así como Buenos Aires le colocó un gobernador a Entre Ríos (Lucio Mansilla), Santas Fe le impuso otro: Pascual Echagüe.   Largo sería detallar los vaivenes, pero el caso es que Justo José de Urquiza debió enfrentar a Echagüe porque, después de ser gobernador de Entre Ríos y tras algunas derrotas, fue nombrado gobernador de Santa Fe (su provincia natal), y siguió siendo leal a Juan Manuel de Rosas tras el Pronunciamiento de Urquiza.   El tiempo hace justicia: hace pocos lustros los santafesinos eligieron intendente de Santa Fe y luego dos veces gobernador al diamantino Jorge Obeid. En San Benito recuerdan la primera gran batalla de Ramírez en 1818, tres años antes de que su cabeza fuera expuesta en la plaza de Santa Fe   El músico Miguel Martínez no se llamaba paranaense sino “paranasero” para no distinguir entre las dos costas, y era devoto de las composiciones del Chacho Muller, que escribía desde su provincia de Santa Fe mirando las islas… de Entre Ríos.   Martínez coincidía con su amigo Aníbal Sampayo en borrar fronteras ficticias, con esta metáfora: los pájaros anidan en una costa y comen en la otra.   Uno de los mayores antropólogos argentinos, el santafesino Carlos Natalio Ceruti, trabajó casi siempre en el Museo Serrano de Paraná. La familia Pais, de Rosario del Tala, tiene el orgullo de un nieto llamado Orlando Luis Cayetano País, nacido en Santa Fe, y conocido en los escenarios como Orlando Vera Cruz, un seudónimo elegido para honrar a Santa Fe.   Curiosidades y paradojas de nuestra historia común sudamericana: uno de los mayores poetas entrerrianos de todos los tiempos, Olegario Andrade, de padre santafesino, nació en Brasil…   La vida común nos da miles de testimonios, como el del biólogo entrerriano Rafael Lajmanovich, que trabajó casi siempre en la Universidad Nacional del Litoral, en Santa Fe, y sostiene que las dos costas del Paraná contaminan la cuenca en espejo. Somos parecidos en la vida y en la destrucción. Mal que nos pese.   También competimos en las fechas patrias: ¿dónde izó Belgrano la Bandera, en la banda occidental o en la banda oriental del Paraná?   La banda roja     Como puede apreciarse, los territorios hermanos fueron cultivando alianzas y amistades y, a la vez, chocaron muchas veces, lo que podría explicar, en alguna medida, las chanzas actuales. ¿Cuál es el paisaje más lindo de los santafesinos? La ciudad de Paraná, clavada en las barrancas de enfrente.   Ese es un chiste habitual, que perdura aún cuando las relaciones familiares, económicas, ecológicas, culturales, y el propio túnel subfluvial, han hecho de ambas ciudades un solo conglomerado con permanentes intercambios amistosos. Por si hacía falta, ayer mismo nos enterábamos de una inversión millonaria del estado entrerriano para mejorar en Paraná la escuela “Santa Fe”.   Los estudiantes izan en las aulas dos banderas distintas, de las dos provincias, pero ambas con sus respectivas bandas rojas, como símbolos de la sangre derramada por nuestra libertad e independencia, como la bandera creada por Artigas en los albores de la Liga Federal.   La “pica” que decíamos no es más que un juego, y una excusa para abordar estos asuntos de nuestra identidad común. Y vaya esta anécdota: cubríamos el conflicto por las pasteras en Fray Bentos y hablando con una campesina oriental nos confesó cerca de Soriano que sentía “pica” con los argentinos, por sus protestas. Pasamos el río, y una señora de Gualeguaychú nos habló de su “pica” con los uruguayos por su insistencia… “Pica” a dos bandas; ambas usaron el mismo término el mismo día, y nos sirvió para corroborar la tremenda unidad subyacente. Los afluentes del Paraná, en ambas costas, dan cuenta de los mismos vicios "en espejo" según Lajmanovich   Entre desavenencias y amores hemos construido una misma comunidad en el litoral, en la gran cuenca que no sabe de fronteras.   Aquí señalamos algunos pocos hilos de la intensa y bella trama común.   En la más pura actualidad, nobleza obliga, esta historia termina con la rendición incondicional de las entrerrianas y los entrerrianos ante un santafesino cuyo reinado ya nadie discute: Lionel Messi.