Por contradictorio que parezca, en vez de vivirse con alegría tantas “despedidas” de año, no son pocos los que sufren de un mayor stress. Y tampoco es menor el número de quienes padecen las angustias que se derivan de la presión consumista, al no dar “la medida” para cumplir con los estándares tanto en la mesa como en el árbol de los regalos.
Para el mundo cristiano, en cambio, el “adviento”, ese período de espera de la Navidad, se presenta como una fuente de paz, de “salvación”, de recomienzo. Haya pasado lo que haya pasado, se esté como se esté, Él viene y salva, según la fe cristiana.
“El arte de esperar”
Este es “un tiempo que nos interpela, que nos llama. El adviento se vuelve para nosotros una escuela, porque se nos enseña el arte de esperar. Vieron que adviento significa venida, ¿no? O sea, Dios que viene a salvarnos, y, por lo tanto, frente a Dios, que viene a salvarnos, cuya venida la vamos a celebrar en la Navidad, el adviento nos invita a esperarlo y a desearlo”, explicó el Presbítero Nicolás Frigo, en su homilía de este domingo por la noche.“Nos hace bien aprender a esperar, porque tantas veces, y sobre todo en este tiempo del año, nos agitamos tanto. A veces, se nos vienen en este momento del año algunas frases o algunos sentimientos interiores, como ‘yo ya tendría que haber logrado esto’, ‘yo ya tendría que haber dado tal paso’, ‘yo ya tendría que estar allá’, ‘yo ya tendría que estar acá’. Y, a veces, en el corazón se nos despierta mucha ansiedad y nos cuesta esperar”, describió Frigo.
Enseguida, reafirmó el sentido del “Adviento”: “es una escuela de la espera”. “Una imagen preciosa como protagonista en este tiempo del Adviento es María embarazada de Jesús. María sabe que el embarazo y la gestación tienen tiempos, que uno no puede acelerar procesos”, enfatizó.
El sacerdote vinculó la necesidad de aprender a esperar con el texto de la segunda lectura de este domingo, de Santiago: “el sembrador espera el fruto de la siembra”. “Un embarazo, una siembra, nos enseñan a descubrir que la vida, los procesos y Dios mismo tienen tiempos, tienen ritmos, y estamos llamados a abrazar los tiempos, los ritmos y los procesos de la vida y de Dios; el tiempo y los ritmos también de mi propia vida, de mis propios procesos”, agregó.
Nicolás Frigo elevó una súplica a Dios para que “nos regale aprender este arte de la espera”. Trajo a colación testimonios de participantes de un retiro de adviento: “La virgen está embarazada, plena de vida, de gracia, de Jesús, y vemos en ella el olvido de la prisa. La paciencia es el arte de la paz, el arte de saber esperar disfrutando del momento presente”.
Frigo bregó para que “en este adviento nos dejemos enseñar el arte de la espera, el arte de la paciencia. Si es necesario también, acallar ruidos, acompasar los ritmos a los tiempos y al ritmo de Dios y de la vida. Se vuelve muy saludable esto, nos hace mucho bien. Pidámosle esta gracia a Jesús para este tiempo”, concluyó.