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Estuvimos tentados de escribir que esa provincia, con la que nos sentimos los entrerrianos tan hermanados, la de Corrientes, “está que arde”. Pero en seguida nos sofrenamos, por aplicar esa frase, a la tragedia que actualmente se vive allí, la que nos sonó a una inadmisible bufonada.

 

No es ése el caso de esa afirmación de larga data, la que medio en broma, medio en serio, se suele en ocasiones efectuar, en la que se alude a la circunstancia que “si la Argentina entra en guerra, Corrientes la va a ayudar”.

 

Es que en el caso de ésta, por un contraste claro, viene en la ocasión a quedar en claro, un comportamiento de nuestro gobierno federal, al que no se lo ve actuando en la misma forma a la que se sentían obligados esos correntinos, que eran sin saberlo “generosos y a la vez equivocados secesionistas”.

 

Y ante esa circunstancia no sirve para atenuar la parte de responsabilidad en el descontrol observado, consecuencia de una naturaleza desbocada, aludiendo a la circunstancia que sirvió poco y nada la elevación al rango de Secretaría, o inclusive de Ministerio, al área que tiene por cometido ocuparse de las “cuestiones ambientales”. Porque para decirlo con palabras que se han puesto ahora de moda, que el de Ambiente se ha caracterizado por ser uno de los que “no funcionan”, ni lo ha hecho en el pasado, a la altura de sus responsabilidades.

 

Mientras tanto, la atención que merece la tragedia que vive Corrientes, hace que consideremos de provecho, el “cuadro de situación” que nos ha hecho llegar, un consecuente lector nuestro, que ha perseverado su nombre en su acompañamiento, a pesar de estar hace muchas décadas radicado en esa provincia.

 

El mismo – el que por un pudor excesivo nos ha pedido que vistamos su nombre con el seudónimo de Pedro O´Campo- efectúa un sustancioso pantallazo de la situación que se vive en Corrientes, la que pasamos a compartir con nuestros lectores.

 

“El ‘centro sur’ de la Provincia es la zona más afectada. Allí, en total, el fuego 'ha devastado' más de 450.000 hectáreas. Las mismas, hasta fin de enero eran 350 mil, pero… 'suma y sigue’”.

 

Las pérdidas son incalculables. Juega en esto el 'efecto negativo' de la casi inacción de las autoridades, a las que las entidades agropecuarias pusieron en guardia hace muchos meses atrás acerca de la amenaza.

 

Los más perjudicados son los pequeños productores. El departamento Mercedes, para dar un ejemplo, cuenta con 16 “parajes” con un número promedio de más de 500 pobladores cada uno. La pregunta: ¿quién los asistirá de ahora en más? ¿Quién habla por ellos?

 

Su capital está en la “hacienda”. Su 'actividad productiva', la ganadería mixta (vacuno/ovina), todo salpicado con un poco de ´chacareo”. Anuncian que para ellos habrá 'créditos no reintegrables'. ¿Llegarán ellos, en el caso que la promesa se cumpla, a los verdaderos perjudicados?

 

Párrafo aparte merece él "Humedal Iberá" –el celebérrimo estero- donde sigue la 'quema' en varios sitios que son inaccesibles por tierra a y los que solo se puede alcanzar con aviones hidrantes, que por lo general llegan tarde a su destino, aunque eso es mejor que nada.

 

La superficie amenazada, sumada a la ya asolada por el fuego, es de aproximadamente de 1.300.000 hectáreas, entre el Parque Nacional y la Reserva Provincial, por partes iguales, donde la fauna y flora está en constante peligro. La mortandad de animales autóctonos es enorme, sin contar con los peces, a los que se los ve morir en los cauces secos.

 

Cierto es que los pastizales en bañados y esteros se “'regeneran”, si llueve… Pero hay situaciones extremas y de eso ¡no se vuelve! A mí nunca me tocó ni ver ni vivir semejante calamidad en el largo número de décadas desde que estoy afincado en Corrientes.

 

No se preparó para emergencias 'in situ'. Ni las empresas forestales, ni tampoco los arroceros. Éstos estiman pérdidas de más del 50 por ciento en la producción, y problemas para cosechar.

 

Los yerbateros han perdido plantas -lleva 6 años el reponerlas- por lo que ¡la cosecha será 50 por ciento inferior! Los tabacaleros estiman su pérdida en más del 60 por ciento. Y no es un detalle menor que la mayoría de ellos son pequeños productores que practican una agricultura familiar.

 

Los citricultores estiman mayores pérdidas, aun las plantas nuevas que ¡se secan sin más! Dejo aparte el turismo para entendidos… ¡solo sé que tendrán quebrantos por más tiempo! ¿Cómo 'promover avistajes' en sitios sin fauna? Los extranjeros no vienen a 'mirar estrellas'.”

 

Hasta aquí, el “parte” de nuestro informal corresponsal. Que viene a conocerse mientras vemos al gobierno federal y el provincial correntino haciéndose reproches mutuos, en una demostración más de una idiosincrasia que nos lleva a entretenernos en debates inconducentes, sin tomar las medidas preventivas y dotarnos de las herramientas que en el caso de un siniestro permitan acotar su extensión.

 

Algo que deberían tener en cuenta nuestras agrupaciones ambientalistas, a las que experiencias como ésta, deberían llevarlas a reclamar que como una parte esencial de la defensa del medio ambiente, en forma urgente atienda a la necesidad de contar con recursos de todo tipo –comenzado por los materiales- necesarios para enfrentar estas dolorosas coyunturas.

 

O sea que no basta con aterrizar en Barbados a conferenciar acerca del cambio climático, mientras que aquí “se nos está quemando el rancho”.

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