Celebro que se haya dado inicio a debates en la ciudad de Concordia, algo fructífero desde el aspecto democrático, aunque no llama la atención la ausencia de los precandidatos que en principio tienen la mayor intención de voto.
Por el “Analista”
Cualquier manual de consultoría política indica que el candidato que va ganando no se expone frente a rivales que no están a la altura.
Por eso la importancia de la obligatoriedad de los debates, porque compele a todos a esta dinámica, obligando a los candidatos a prepararse desde la oratoria, y desde las ideas que tratan de plasmar de lo comunicacional.
Ver a los hombres y mujeres que pretenden ganar las elecciones nos hace preguntarnos una vez más qué sentido tiene presentarse a elecciones con nulas posibilidades de ganar.
Si partimos de la responsabilidad y razonabilidad que debería primar en las personas que pretenden dirigir los destinos de la segunda ciudad de la provincia de Entre Ríos, interpretamos que lo hacen teniendo indicadores que alientan este objetivo.
Lo parámetros que la ciencia política nos brinda es por medio de encuestas (hoy tan cuestionadas tanto en España, como en nuestra provincia de Córdoba), que en primer lugar nos dará indicadores de grado de conocimiento. Nadie vota lo que no conoce, por eso el primer eslabón de una cadena de éxito electoral es ser conocido.
Sería poco serio que los hombres y mujeres que se exponen al electorado lo hagan sin saber ellos cuántos concordienses los conocen; los números indican que la mayoría de los precandidatos no llegan siquiera al 1% en grado de conocimiento.
Otro indicador es el de imagen positiva/negativa, que interesa únicamente en quienes cuentan con un porcentaje importante de conocimiento. Es suicida exponerse cuando el porcentaje de imagen negativa es ampliamente superior, sin posibilidad de ser revertido.
Las encuestas hoy están en los despachos de los jefes de campañas de aquellos con posibilidades reales de ser elegidos, dos del oficialismo y dos de la oposición. Ninguno las difunde por una sencilla razón: el costo económico que tienen es alto, y sería mostrar al adversario datos precisos que tienen un valor estratégico inconmensurable.
Los números que se hacen circular carecen de rigor científico, obedecen a una estrategia comunicacional vetusta, que sirven para el microclima, algo que ha quedado demostrado no influye el día de las elecciones.
Este contexto nos remite a la pregunta que da origen a esta columna: ¿Qué ganan los perdedores? Porque, si partimos de estos datos, muchos, por no decir todos menos uno, serán perdedores.
Pero algunos apuestan desde la especulación, hay quienes apuestan a sacar la mayor cantidad de votos en Concordia, sabiendo que no se ganará, pero permitirían sí ganar la provincia.
Estamos hablando de Cambiemos, pero ya tendrían acordado una posible inserción en algún ministerio.
¿Cuál sería la ganancia de perder? Por un lado, los concejales que entrarían darían una presencia a la oposición, además instalaría en conocimiento al candidato, pensando en un proyecto político a mediano plazo; no es un dato menor la juventud de uno de los candidatos.
Ser candidato a una elección, por más que se pierda, logra instalar al candidato, es decir aumenta el porcentaje de conocimiento. Se pierde pero se gana.
Otros parten de una utopía, pero que al mismo tiempo son funcionales a candidatos nacionales y/o provinciales que necesitan fiscales y logística para el día de la elección. Hay quienes lo toman como un trabajo rentado, como si se prestasen a ser candidatos mezclando utopía con retribución directa.
Finalmente están quienes se vieron obligados, aquellos históricos especuladores que se acostumbraron a los baños de humildad del que hablaba un ex gobernador, lanzaban sus candidaturas, pegaban algún que otro pasacalle, para luego hacer un acto de renunciamiento, a cambio de integrar alguna lista.
En síntesis, la tensión entre la utopía y la realidad nos deja un interrogante que únicamente nos lo pueden contestar los candidatos al fracaso. Aunque muchos triunfos se construyeron desde el fracaso y esa podría ser una de las respuestas.
La pregunta que sigue para otra oportunidad es ¿cuántos de los que militan para algunos candidatos lo hacen desde la convicción y vocación? Una mirada a la galería de fotos de varios candidatos denota la militancia rentada o de conveniencia. ¡Cuántos de los que apoyan actualmente perciben sueldo del estado municipal, provincial y nacional! Incluso este indicador se aplica a oficialismo y oposición.