Hay algo paradójico en la historia de Mario Daniel Villagra: vive en París desde hace casi una década, pero buena parte de lo que escribe, investiga y filma sigue teniendo como escenario, como preocupación o como punto de referencia a Entre Ríos.   Desde Francia, donde combina la docencia con la escritura, la investigación y el cine documental, continúa reconstruyendo historias de autores entrerrianos, recuperando archivos y buscando nuevos vínculos entre aquella literatura y el presente.   Es Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Entre Ríos (UNER), con orientación en Educación, y realizó en París una Maestría en Estudios Hispánicos e Hispanoamericanos en la Universidad Sorbonne Nouvelle, orientada a la investigación, y una formación doctoral en la misma institución desde 2020-2021 hasta el presente. Actualmente dicta clases en París 8 y desarrolla sus propios proyectos como Artiste-auteur.   Su recorrido académico lo llevó a investigar la denominada “Escuela entrerriana de escritores”, una línea de trabajo que, lejos de alejarlo de su provincia, parece haber profundizado más aún ese vínculo.   En esta conversación, Villagra habla de cómo es vivir en Francia, de las diferencias y similitudes que encuentra con la Argentina, de la distancia y de la nostalgia, pero también de algo que aparece una y otra vez: la necesidad de seguir mirando y haciendo por Entre Ríos.   -¿Cómo ha sido ese camino que te llevó desde el centro de Entre Ríos hasta Francia?   -Había dejado Villaguay para estudiar en Paraná y, cuando terminé la carrera, apareció la pregunta de qué iba a hacer después. Entonces me moví. No porque estuviera mal, sino quizás al contrario: estaba entrando en una especie de, lo que se dice hoy, zona de confort.   Y lo que hago acá no deja de ser distinto de lo que hacía allá: estar en contacto con proyectos culturales, musicales, con la escritura, dando clases. Quizás acá encontré más posibilidades y también más estabilidad; se podría decir que es un “reconfort” (risas).   Vivir aquí no quiere decir que no existan problemas económicos; quizás vivir en Francia permite que lo económico no empiece a ser una preocupación permanente.   -¿Cómo es la vida cotidiana un entrerriano en París? ¿Cómo repartís el tiempo entre las clases, la escritura, los proyectos y esa posibilidad de ser “turista” del lugar donde vivís?   -Trato de escribir todos los días. Hace un tiempo me dije: “Tengo que trabajar como un trabajador de la cultura, de la palabra”. A las nueve y media, diez de la mañana, por cuestiones de organización personal y en la casa donde vivo con Amandine, que es mi compañera francesa, trato de escribir todos los días. Es como el trabajo de un carpintero: un día busca el tablón, luego lo corta, lo cepilla, lo marca… y así arma, paso a paso; como él arma muebles, yo hago textos. A veces son por encargo, mientras los otros van quedando en cajones o estanterías y, a medida que la gente pasa -lectores, editores-, irán saliendo.   Siempre tengo algún proyecto en marcha. Ahora, por ejemplo, estoy pasando cuadernos de viajes entre 2016 y 2026. He viajado lo suficiente como para tener material. El año pasado fui a Japón y escribí bastante. Llevo cuadernos y escribo todos los días, incluso si siento que estoy escribiendo por nada. Escribir me ayuda a mejorar. Empiezo a usar palabras que nunca utilicé, voy al diccionario, me fijo cómo se escriben, si estoy bien o si me confundí.   Quizás también tiene que ver con vivir en otra lengua. Cuando vivís en una lengua que no es la propia, te encontrás con la lengua que uno trae de otra manera. Es como un espejo.   Por el trabajo en el Instituto Cervantes de París conozco diferentes “rutas”, que es un correlato de mi proyecto Tras las huellas, con el que vine. Allí me siento un poco turista, porque son paseos hablando de historia y literatura. Pero, sobre todo, me gusta ser turista en París cuando llueve o cuando alguien viene de visita, porque turisteo con otros.       -Hablando de esos viajes, ¿qué te dejó Japón?   -Lo mejor es cuando un viaje te deja nuevas relaciones, nuevos vínculos. En este caso, por ejemplo, el vínculo con Sonoko Sato, la profesora que me invitó y me recibió.   Un día nos invitó a su casa con su marido, Satoshi. Estaba su madre, su hijo, y empezamos a hablar de poesía. La madre escribía, Sonoko también escribía y la bisabuela de Sonoko también escribía. Terminamos hablando de poesía, entre francés, inglés, español, y aprendí muchísimo sobre los haikus (poemas breves, de origen japonés, generalmente de tres versos). Fue un diálogo que, en cierto sentido, fue mejor que en una universidad, porque realmente se pudo armar una conversación.   -¿Estar lejos ofrece una perspectiva diferente sobre la Argentina? ¿Cómo ves al país hoy desde Europa?   -Estar dentro del país también me permitía una mirada crítica, pero es verdad que desde una cierta lejanía se pueden ver otras cosas. Aun así, estar adentro y estar afuera es, relativamente, lo mismo: soy argentino, algo abstracto y tangible a la vez.   Desde una sociedad como la francesa -o desde Japón, como veníamos hablando-, nuestro país puede verse como una nación joven; de hecho, cuando acá se habla o se lee sobre los países latinoamericanos, todavía se los denomina así. Y yo la veo joven en un sentido casi adolescente, es decir, transitando una etapa de formación entre la infancia y la edad adulta; en el sentido de la capacidad de pensar y decidir por uno mismo usando la propia razón, sin depender de la guía de otros, y con mucha experiencia de organización colectiva. Porque si miramos profundamente nuestra fundación como país, como Estado, primero hay que reconocer que se fundó bajo el exterminio de pueblos existentes en esas tierras, que tenían una cosmovisión más vasta de la naturaleza y del hábitat vital; luego, cuando se conforma el Estado (que tendría que garantizar el buen vivir de toda su población y, a su vez, la población verlo como algo orgánico, parte de nosotros), hay ejemplos de buenas actitudes, no solo para sus ciudadanos, sino para el resto del mundo: un país solidario, rico en materia de alimentación, energía, capacidad creativa y científica.   Pero está adoleciendo de algo, tratando de encontrarse. Creo que falta un diálogo más organizado; tipo, sabés, como los 21 puntos para una comunicación que se dieron en algún momento, pero unos 12 puntos para la refundación de una segunda República Argentina, multicultural... no sé. Imagino, imaginemos.   Argentina no se encuentra afuera del sistema capitalista mundial, pero adolece de muchas cuestiones en las que el capitalismo avanzó respecto al feudalismo. Acá, por ejemplo, uno trabaja en una empresa pública y se desvive porque sabe que es con plata de todos; aquí pasó el socialismo, y el socialismo no es un monstruo como lo quieren pintar: es una manera de producción y, sobre todo, de distribución con carácter social y no individualista. Mismos así, socialismo, es un concepto para entender; pongámosle en nombre que queramos. Cuando la gente repite “Ay, los países de Europa”, bueno, copiemos las mejores cosas y vamos a ver que un político no puede tener 27 casas (viviendo de la usura de la necesidad de otros), que los bienes comunes son para el país y los hijos del territorio... y los ejemplos pueden seguir. Hay un sentido de comunidad en algunas cosas; de hecho, vivo en la Comunidad Europea, siempre lo supe, desde que entré. Mismo los europeos, muchos no se dan cuenta de lo bueno que fue para las diferentes sociedades la integración; imaginemos una plataforma desde México hasta Argentina. Seríamos una potencia, y tendría mucha resistencia desde el estado actual de las cosas.   Por momentos, veo Argentina como un experimento de hasta dónde se resiste al avance de la perversidad y la ignorancia que trae la pobreza, no solo material, encarnada en las tendencias de derecha actual, siempre disfrazada de culta y elegante.       -¿Y qué lugar ocupa Entre Ríos dentro de esa mirada?   -La Argentina es muy diversa. Uno tiene muchas veces una imagen del país a partir de lo que se ve en Buenos Aires, y eso no tiene nada que ver con lo que podemos vivir nosotros en Entre Ríos. De hecho, como a la Argentina se la ve más avanzada que a otros países de América Latina y el Caribe, me han preguntado: “¿Cómo es que la gente pudo votar a Milei?” (a propósito, hay una manifestación organizada en París por su visita en las próximas semanas).   La provincia tiene una historia particular que se ha ido perdiendo un poco. Recuerdo que Alberto Gerchunoff, por ejemplo, en textos de principios del siglo pasado veía a Entre Ríos como una provincia muy parecida a Europa: cada ciudad cabecera con su centro cívico, las instituciones alrededor, la sociedad, el centro cultural, el banco, el teatro, la policía, el municipio. Y el propio Sarmiento, que fue muy unitario, también la veía como una provincia con un potencial enorme por sus ríos. ¡Fuimos una Republica!   Por eso es interesante notar que todo eso ya se discutió en su momento y hoy parece un poco olvidado. Así como en literatura cada generación puede o “debería” releer todo de nuevo, en política no tendría por qué ser distinto. ¡Son Ciencias Sociales y Humanas, al fin y al cabo!   -¿Cómo observás la política argentina y la gestión de Javier Milei?   -No quiero ser redundante ni tampoco quedar como un incendiario fuera del país, porque hoy se utilizan -aunque ingenuamente- argumentos que usaba la dictadura con los exiliados: “Estás afuera, no podés hablar”. Y yo ya opiné sobre el adentro y el afuera.   Espero que todo este retroceso en materia de derechos sociales y humanos que se ha dado con este gobierno... así como se cayó tan rápido en la trampa, quizás también se pueda salir tan rápido como sea posible. Puede pasar como en el juego de la oca: retrocedés un paso, pero en la próxima jugada -léase elecciones- se puede avanzar mucho. Ojalá así sea. Yo no dejo de votar, y sé perfectamente que en materia de soberanía política, económica, cultural y científica hay ciertos principios básicos, un ABC, que es relativamente fácil de identificar.   Eso en lo general. En lo personal, lo que sí se vuelve más difícil es intervenir. Allá publicaba más en los medios y tenía una militancia social. Cuando uno está acá no es que se vuelve más frío, sino que está más distante. También hay un respeto por decir: “No estoy allá, no puedo construir”. A mí me gusta sostener la palabra con los actos.       -Hay quienes afirman que estar lejos los hace sentir más argentinos o más entrerrianos.   -Te hace conectar de otra manera. Por ejemplo, en el marco de la tesis doctoral, que fueron seis años de proyecto, y una continuidad de lo que venía investigando, me encontré leyendo la historia de Entre Ríos de Leoncio Gianello, o la Enciclopedia de Entre Ríos, por darte dos ejemplos. Pienso que me hace sentir más de eso pero también ser consciente de lo que implica eso para el mundo.   Estoy pasando ahora un libro que se llamaría Nunca me quedé, nunca partí, que son los cuadernos de viaje; y se puede leer de las dos maneras, porque el viaje, por esta vida, es el mismo. El año pasado fui a Eslovenia, estuve unos días como invitado y, en un momento, caminando hacia la terminal, pensé: “La mierda que estoy lejos de Entre Ríos”.   Pero los lugares están ahí. Y eso también me permite no pensar que me voy a quedar toda la vida acá, en Francia. No sé. Eso es más difícil de responder.   Muchas veces, cuando me preguntan de dónde soy, digo directamente: “Soy de Entre Ríos”. “¿Y dónde queda eso?”. “Entre la Argentina y Uruguay”. Y ya cambia el diálogo. Porque si uno dice “soy argentino”, cae en el mismo lugar: el tango, Messi, Maradona.   -¿Y qué lugar ocupa ahora la literatura argentina en Francia?   -Hay un espacio. Hay “argentinistas”, por ejemplo, cuando se estudia en la universidad. Se traducen autores y se aclara entre paréntesis: “Español de Argentina”. Ahora se está traduciendo mucho el boom de las escritoras mujeres. No deja de ser importante, es real, aunque tampoco deja de ser un ámbito reducido, cerrado y competitivo. Como suele suceder, hay un canon, pero se sabe que el canon es canon tanto por lo que incluye como por lo que deja afuera. Yo, entrerriano (risas).   Además, como dije, en ciencias humanas y sociales uno a veces siente que es objeto y sujeto al mismo tiempo. Yo escribo, estoy publicando, y hay veces que voy a una actividad y me presentan como un autor argentino. Esa es una realidad. El mito tiene esa cualidad operante entre el sentido y la forma que adopta -un sistema de comunicación, diría Barthes-, y a veces uno termina siendo parte de ese mismo mito que contribuye a reescribir.   Y el hecho de frecuentar a Silvia Baron Supervielle -que tiene 92 años, vive aquí desde los años ‘60 y conoció personalmente a Borges, Cortázar, Calveyra y a tantos otros escritores que pasaron por París- me hace sentir la literatura argentina como algo vivo.       Borges en Villaguay: volver sobre una visita que todavía tiene cosas para decir     La historia de Borges en Villaguay. Un diálogo abierto, comenzó, como suele suceder con las investigaciones de Villagra, a partir de un vínculo personal y de un documento que había quedado guardado.   Fue el poeta Miguel Ángel Federik quien le habló de aquella visita de Jorge Luis Borges a Villaguay. Villagra tenía además una cinta de cassette con el registro del encuentro: la digitalizó, la transcribió y comenzó a trabajar con los archivos de diario El Pueblo, antes que cumpliera un siglo y cerrara sus puertas, donde recuperó las notas periodísticas publicadas alrededor de aquella actividad. Después amplió la búsqueda y comenzó a rastrear los distintos vínculos, biográficos y literarios, entre Borges y Entre Ríos.   “Uno empieza a escribir y después va encontrando la forma”, explica al recordar cómo fue tomando cuerpo el proyecto.   En ese proceso apareció también una nota de Carlos Alberto Vela, intendente de Villaguay por el radicalismo en el período 1995-1999. Según recuerda Villagra, aquella publicación cuestionaba en cierta medida la importancia que había tenido la actividad de Borges en la ciudad y llevaba como título “Ni Borges ni Mastronardi”. La decisión fue responder a aquella carta de lector, como una especie de recuperación de un trabajo intelectual que es el género polémica. Es decir, el trabajo de Villagra se puede leer como una suerte de respuesta construida desde la investigación.       El libro busca, precisamente, discutir con la idea de que aquella visita fue un episodio menor. Para Villagra, el vínculo entre Borges y Entre Ríos tiene raíces mucho más profundas y puede rastrearse tanto en la historia familiar como en las relaciones literarias.   Borges visitó -lo que se puede rastrear- doce veces la provincia, entre 1952 y 1982. El elemento que vuelve especialmente valioso el caso de Villaguay: el registro en audio de aquella conferencia. “La conferencia íntegramente está inédita”, señala Villagra. Y allí encuentra uno de los principales valores de su trabajo: publicar por primera vez el encuentro completo, incluyendo el intercambio de Borges con el público.   Para el investigador, esa parte resulta particularmente atractiva porque permite encontrar a un Borges que, por momentos, se aparta del discurso más preparado. En esas respuestas aparecen comentarios sobre la actualidad política de aquel momento, atravesado por la dictadura militar, junto con las habituales respuestas ingeniosas del escritor.   El libro Borges en Villaguay. Un diálogo abierto será publicado antes de fin de año por Oyé Ndén de Gualeguaychú, con financiamiento del Fondo Económico de Incentivo a las Culturas y las Artes de la Municipalidad de Villaguay y presentado junto con la Biblioteca Popular Mitre de esa ciudad.   En definitiva, aquello que podría haber quedado como una visita más en la agenda de un escritor célebre vuelve a cobrar vida a partir de una cinta, de viejos diarios y de una investigación que busca recuperar no solamente lo que Borges dijo, sino también el contexto en el que lo dijo y las conversaciones que quedaron alrededor de aquella presencia en Villaguay.   Calveyra: tras las huellas de un entrerriano en Francia     El vínculo de Villagra con Arnaldo Calveyra tiene, además, una dimensión particularmente especial: parte de la investigación se desarrolla en el mismo territorio donde el escritor entrerriano, nacido en Gobernador Mansilla (departamento Tala), construyó buena parte de su vida y de su obra.   Villagra llegó a Francia en 2017 e, inmediatamente, comenzó a trabajar en un documental sobre Calveyra. En ese proceso tuvo acceso a la casa del escritor y a su biblioteca, y allí apareció uno de esos hallazgos que difícilmente pueda olvidar un investigador.   Mientras revisaban libros y papeles junto a Monique Tur, la mujer de Calveyra, ella tomó un documento y le dijo que era “una carta de Julio”. Villagra la miró y descubrió que se trataba de un manuscrito de Cortázar, que había quedado perdido entre los papeles. “Parece que hay tesoros cuando uno mantiene esos contactos”, recuerda con el asombro de un gurí.   La anécdota sirve también para explicar una preocupación que atraviesa buena parte de su trabajo: la preservación de la memoria literaria. Para Villagra, esos documentos, cartas, testimonios y archivos necesitan ser conservados, digitalizados y catalogados para que puedan ser consultados por quienes investiguen en el futuro.   “Hay que empezar por algún lugar: preservar los archivos, digitalizar, eso es muy importante. Y hay que hacer un catálogo también de lo que hay y de lo que no hay”, sostiene.     Su trabajo con Calveyra continúa ahora desde una perspectiva más académica. Recientemente pudo acceder a los archivos del escritor conservados en la Biblioteca Nacional de Francia y comenzó a encontrar allí nuevas cartas y documentos. Esa investigación todavía se encuentra en una etapa inicial, pero ya abrió otra línea de trabajo.   En forma paralela, está próxima a publicarse Ese sentimiento de conversación: la escritura autobiográfica de Arnaldo Calveyra (1929-2015), por Eduvim. El libro analiza los cuatro diarios de Calveyra -Diario de fumigador de guardia, Diario de Eleusis, Diario del recluta y Diario francés- a partir de una mirada centrada en sus formas de construcción.   Villagra pone especialmente la atención en los denominados incipit, las zonas iniciales de cada texto donde comienzan a delinearse el contexto, los personajes, el ritmo, el tono y el punto de vista, en suma, un estilo. A partir de allí busca encontrar “hilos rojos”, elementos que atraviesan los cuatro diarios y permiten reconocer una manera particular de escribir.   En esa lectura aparecen también la dramaturgia y la poesía de Calveyra, especialmente en la sonoridad, el ritmo y el uso de determinadas palabras. Villagra recuerda, en ese sentido, una observación de Juan José Saer sobre Diario de fumigador de guardia la posibilidad de reemplazar cada aparición de la palabra “rata” por “poesía”.   A su vez, el documental Arnaldo Calveyra, tras sus huellas, dirigido por Villagra, fue parte de ese primer acercamiento audiovisual al escritor. Y el camino continúa ahora con los archivos, los papeles y las cartas que permiten volver a mirar una obra que, para el entrerriano radicado en París, sigue ofreciendo nuevas posibilidades de lectura.   “… las tortas fritas cuando llueve”     A pesar de los miles de kilómetros, Villagra dice que son pocas las cosas que extraña de Entre Ríos, porque “uno extraña, en general, lo que ha perdido; y yo no pedí nada”. La tecnología permite mantener cerca a familiares y amigos y, en su vida cotidiana, la distancia no se convierte necesariamente en una ausencia permanente.   Pero hay momentos en los que la nostalgia aparece.   -¿Extrañás algo del día a día?   -Las tortas fritas cuando llueve.   La respuesta, entre risas, no es una metáfora. Villagra incluso cuenta que alguna vez se levantó a las 5 de la mañana porque sabía que iba a llover y preparó tortas fritas antes de que se despertaran los demás, para no molestarlos con el olor.   En Francia, explica, tampoco es tan fácil conseguir la grasa que tradicionalmente se utiliza para freírlas, porque allí es más habitual utilizar grasa de cerdo.   Pero la nostalgia también aparece en otras situaciones menos gastronómicas.   -¿Qué otras cosas añorás?   -Poder cruzarte con un amigo fácilmente. Pero está todo tan cerca también.   Ahora es más accesible llamar, hablar con los hermanos, con los amigos. Después les deseo siempre lo mejor desde el pensamiento y eso me deja tranquilo. Pensarlos ya es una manera de tenerlos cerca, para mí.   Creo que, en ese sentido, las cosas que extraño son pocas.   Aunque hay experiencias que revelan la dimensión de esa ausencia.   -¿Por ejemplo?   -La ausencia de mis padres, la de un hermano; pero me conecto con ellos cuando limpio la biblioteca, cuando muevo la tierra de una maseta con un palito, cuando cocino, cuando escucho música. Por ejemplo, fui a ver un tributo de Los Redondos. Necesitaba cantar un poco, un recital, y les mandé mensajes a mis amigos. Y ahí vuelvo a lo mismo: entre pasar a visitar a un amigo y esa otra experiencia, sí, se extraña a veces esa calidez que tienen los argentinos. Eso de no tener que planificar tanto un encuentro como sucede acá: “Bueno, nos vemos dentro de dos semanas” (risas).   Quizás sea justamente ahí donde aparece la paradoja de su vida parisina: mientras construye proyectos, vínculos y una obra propia en Francia, su trabajo intelectual continúa llevándolo una y otra vez hacia Entre Ríos. La distancia, en lugar de borrar el lugar de origen, parece haberlo convertido en materia permanente de investigación, escritura y memoria.   Ficha | Mario Daniel Villagra Segovia     Nacimiento: 24 de febrero de 1987, Villaguay, Entre Ríos.   Formación: Licenciado en Comunicación Social por la UNER. Su tesis de grado fue “Un gremio Escuela, relatos en torno a la conformación de AGMER”. En Francia realizó una maestría en Estudios Hispánicos e Hispanoamericanos, orientación investigación, en la Universidad Sorbonne Nouvelle - París 3, que finalizó en 2020. Posteriormente inició un doctorado sobre la denominada “Escuela entrerriana de escritores”.   Actividad actual: escritor, profesor, cineasta y comunicador. Da clases en París 8. También trabajó en París 3 y durante casi cuatro años en el Instituto Cervantes de París. Coordina encuentros literarios y desarrolla proyectos propios bajo el estatuto de Artiste-auteur.   Libros   Poemas del Principiante - Editorial Árbol Animal, Buenos Aires, 2015.   Benavento. Vida, obra y selección de poemas - Azogue Libros, Paraná, 2018.   Los Mandatos de Camilo Fink - Editorial Panza Verde, Concordia, 2020.   A mitad de las letras - Generis, 2022.   Nueva edición de Los Mandatos de Camilo Fink - Azogue, 2023.   Integró la Antología Poética Juan Laurentino Ortiz - Bruma, Mendoza, 2016, y Tal vez un jueves de otoño, antología de poetas latinoamericanos en Francia, Equidistancias 2025. Como así también, ese mismo año, la obra colectiva Silvia Baron Superville: le país de l’écriture -Kimé.   En 2022 obtuvo el primer premio, en la categoría poesía, del primer Concurso de Poesía y Narrativa “Luz de provincia”, con Lo que ve crecer el caracol.   Cine documental   Entre 2014 y 2022 dirigió cuatro trabajos vinculados con escritores y poetas:   Marta Zamarripa, una poeta en pie, segundo premio del Certamen Miradas 2016.   Miguel Ángel Federik, el poeta descalzo, documental presentado en Villaguay en 2017 y en Francia en 2024.   Arnaldo Calveyra, tras sus huellas (2019).   Silvia Baron Supervielle (2022).   Arnaldo Calveyra, tras sus huellas y Silvia Baron Supervielle fueron estrenados en la Maison de l’Amérique Latine de París, y este último proyectado en Argentina, Uruguay, Francia, Cuba, Estados Unidos, España y Japón.